NUNCA SERÉ DE ELLOS

NUNCA SERÉ DE ELLOS

26 mayo, 2023 Desactivado Por Marcelo Rodríguez

Hoy se cumplen 20 años del comienzo de la transformación política más importante del siglo XXI en la Argentina.  Néstor Kirchner era muy poco conocido, y solo siete años después del comienzo de su presidencia,  lo lloró una multitud como había sucedido  solo con Perón y Evita. Fue de los que hubo y hay muy pocos. Contados con los dedos de una mano, para ser generosos.  Inyectó sueños y realidades. “Era más nuestro que nosotros mismos”, reflexionó en voz alta un trabajador que tenía puesta una gorrita de La Bancaria.  La conciencia de clase pasó de ser una consigna a un derecho, a una obligación. Se juega como se vive recita una frase futbolera. Kirchner la hizo carne, la llevó así hasta que su corazón le dijo basta. Eso sí, también le dijo su corazón, quédate tranquilo que ellas y ellos van a estar ahí, en el lugar que vos le enseñaste.

Algunos seguramente se van a engripar. Cuerpos empapados durante horas. Cantar y bailar bajo la lluvia es tan lindo como jugar al futbol en el barro con los amigos, y amigas. El poderío del corazón es más fuerte, el amor es más fuerte.

La locutora cambia el tono de voz. Transmite alegría y ansiedad. En eso ella irrumpe al esperado encuentro. Sale a ponerle el cuerpo a lo que venga. Al amor y también al riesgo. Recibe cientos de miles de abrazos voladores. Gritos, risas y llantos. Cristina está a punto hablarle otra vez a su pueblo en la Plaza de Mayo.

Ahí está expectante la militancia, las adherentes, los organizados, los sueltos, las familias, chicos, abuelas, sindicatos, agrupaciones… Todas saben las canciones, todos entienden las letras. No hay improvisados. No están ahí de casualidad. Nadie les llevó. Están porque quieren. Agradecen, se ofrecen,  son parte, no la abandonan. Recuerdan a él. Dicen que no se murió, que vive en el pueblo. Es gigante entre los gigantes. No importa el barro, importa la otra y el otro, hoy es la historia.

Es una misa extraña. Diferente a las iglesias. Se escucha con atención, se reflexiona, se asiente con la cabeza, se aplaude, se viva, se llora, se muere y se resucita. Algunas se animan a esbozar consignas. Se participa.

Paraguas compartidos entre quienes tenían una historia juntos de 50 minutos. Posiblemente no se vean nunca más.

Todos saben que ella dijo que no porque está proscripta, pero no dejan de soñar. Ya lo saben pero igual lo piden. Hoy se inauguró el “una más y no jodemos más”. Se sabe pero no se termina de aceptar. El  “Presidanta, Cristina Presidenta”  no deja de ser verosímil,  profundamente verosímil. A esta altura es un grito de guerra, contra las corporaciones, contra el Poder Judicial, contra la oposición política y mediática. También contra la propia conformación del Frente de Todos, inclusive al actual Presidente de la Nación. El “Cristina Presidenta“ es comparable al maradó, maradó, maradó de cuando la selección jugaba mal y perdía.

Seamos valientes, seamos consecuentes con la historias y con ella, dice el Pueblo.

Seamos independientes, seamos nosotros, no seamos colonia, organicemos a través del tiempo. Importa el programa, el proyecto. No seamos Potosí, dijo ella.

“No se preocupen. Nadie les roba ninguna fecha patria. Nosotros la festejamos así, ustedes festéjenla como quieran”, contaba una piba de unos 14 años que así le dijo a una familiar antes de ir a encontrarse con sus compañeros.

Cincuenta metros antes de pisar la plaza, sobre Avenida de Mayo estuvo parado por varias horas un hombre de campera roja y bastón. No se veía el cabello pero estaba cerca de los 70 años. Su postura corporal mostraba nostalgia y emoción, como si tuviese el alma entre sus manos.  Estaba Solo. Sus ojos se veían mojados  de amor. Solo pero acompañado por cientos de Miles. Casi medio millón. ¿Recordará a su padre?  ¿Habrá ido a recibir a Perón? ¿Evita le habrá dado una máquina de coser a su madre? probablemente. ¿Ese bastón?  Quizás sufrió un accidente subiendo al colectivo para ir al laburo. De reojos contempla el cabildo pero su mirada sigue clavada en la pantalla. Las palabras de ella se le meten en la sangre.

Sin dudas sintetiza al pueblo. Ese pueblo no se queda dormido, y cuando resucita suena como un trueno rotundo. Es un estruendo ensordecedor.

Los que nunca entenderán tanto amor  miran sus canales de televisión, leen sus zócalos, esperan la crítica despiadada, no saben bien por qué pero quiere que vaya presa, desean el odio como si fuese un motor para seguir adelante. Esperan ansiosos que les digan lo que tienen que decir y pensar. No sienten, repiten, aunque víctimas, pero repiten. Acá se siente, se hace y también se piensa.

Cristina planteó las últimas consignas. Trazó los pasos a seguir. Un relámpago aclaró el cielo y comenzó a despedirse hasta la próxima. Dijo que nunca se fue. “Nunca seré de ellos, yo soy del Pueblo”, dijo, y conquistó a multitudes. Muchos se volvieron a entusiasmar y otras esperaban una bendición.

Luego surgieron canciones que sirven como despedida momentánea.  En los rostros conviven algunas  sensaciones de desazón, de pequeña ilusión abrazada por un baño de lluvia y de realidad.  Con un tesoro de los inocentes cantado a los cuatro vientos. Al fin el gobierno va a ser de una mujer, y la renga que envuelve a la atmósfera como un torbellino.

Medias, zapatillas, pantalón, remera, buzo, campera y hasta ropa interior serán dejados en una bolsa hasta el otro día.

Y pensar que un expresidentente  dijo alguna vez en su asunción, mientras miraba por la ventanilla del auto,  al pasar por una plaza vacía,  “Que lástima que tocó un feo día”.

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