MILEI PERDIÓ EL NORTE Y CRECEN LAS DUDAS SOBRE SU FUTURO POLÍTICO: INTERNAS, AJUSTE Y DESGASTE EN EL GOBIERNO

MILEI PERDIÓ EL NORTE Y CRECEN LAS DUDAS SOBRE SU FUTURO POLÍTICO: INTERNAS, AJUSTE Y DESGASTE EN EL GOBIERNO

17 mayo, 2026 Desactivado Por Sitio digital Columna de Opinión

El Gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más complejos desde la llegada al poder. Las tensiones internas dentro de La Libertad Avanza, las crecientes dudas de sectores internacionales, el desgaste económico provocado por el ajuste y la caída de expectativas entre parte de su electorado comenzaron a encender alarmas incluso entre dirigentes que hasta hace pocos meses respaldaban sin fisuras al Presidente. En paralelo, el oficialismo enfrenta denuncias, conflictos políticos y un escenario social cada vez más delicado, mientras aparecen interrogantes sobre la viabilidad de una eventual reelección.

La imagen de Javier Milei como un fenómeno político imparable empezó a mostrar fisuras. Después de meses de centralidad absoluta en la agenda pública y de una fuerte apuesta internacional basada en el alineamiento con Donald Trump y sectores de la derecha global, el Gobierno comenzó a enfrentar un escenario mucho más incierto, atravesado por internas de poder, dificultades económicas y un creciente desgaste político.

En las últimas semanas, distintos sectores cercanos al oficialismo empezaron a reconocer en privado que el clima social cambió. La expectativa de una rápida recuperación económica comenzó a diluirse frente a una realidad marcada por caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo, despidos, cierre de empresas y una fuerte retracción de la actividad económica. Incluso parte de los votantes que acompañaron a Milei en 2023 muestran señales de desilusión ante la persistencia de la crisis y el impacto cotidiano del ajuste.

Uno de los ejes centrales del conflicto interno gira alrededor de la disputa de poder dentro de La Libertad Avanza. La relación entre Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y principal armadora política del oficialismo, y Santiago Caputo, asesor estratégico del Presidente, atraviesa momentos de máxima tensión. Distintos sectores del Gobierno reconocen que la interna ya dejó de ser silenciosa y comenzó a afectar decisiones políticas, armado territorial y estrategias de comunicación.

En ese marco, el viaje de Santiago Caputo a Washington fue interpretado dentro del oficialismo como un intento de reposicionarse frente al ala más dura del mileísmo. Según distintas versiones políticas, el asesor buscó fortalecer vínculos con funcionarios cercanos al trumpismo y sectores de poder norteamericanos en medio de un escenario donde el respaldo internacional hacia Milei ya no aparece tan sólido como durante los primeros meses de gestión. ()

La relación con Estados Unidos, que el Gobierno presentó desde el inicio como uno de sus principales activos políticos, también comenzó a mostrar zonas de incertidumbre. Mientras Donald Trump enfrenta sus propios problemas internacionales y políticos, en sectores de Washington aparecieron cuestionamientos sobre la capacidad del gobierno argentino para sostener estabilidad económica y gobernabilidad a mediano plazo.

La dependencia del respaldo externo se volvió todavía más evidente tras las nuevas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. El reciente desembolso acordado con el FMI llegó acompañado de mayores exigencias de ajuste fiscal y profundización del recorte del gasto público. Economistas y especialistas advierten que el modelo económico oficial entró en una dinámica donde cada nuevo desembolso internacional exige más ajuste, generando un círculo difícil de sostener socialmente.

En paralelo, comenzaron a acumularse conflictos políticos que golpean directamente al corazón del oficialismo. El caso de Manuel Adorni se convirtió en uno de los focos de tensión más importantes de las últimas semanas. La demora en la presentación de su declaración jurada, las denuncias cruzadas y las disputas internas alrededor de su figura generaron ruido dentro del propio Gobierno. Incluso dirigentes aliados empezaron a reclamar explicaciones y mayor transparencia.

A eso se suma el creciente malestar social. Las universidades públicas volvieron a movilizarse masivamente contra el ajuste presupuestario, los sindicatos retomaron protestas y distintos gobernadores comenzaron a marcar diferencias con la Casa Rosada. La situación económica impacta especialmente sobre sectores medios y trabajadores, mientras aumentan los reclamos por tarifas, salarios y pérdida del empleo.

El deterioro del clima económico también empezó a afectar uno de los principales pilares discursivos del mileísmo: la promesa de una rápida recuperación. Aunque el Gobierno destaca la desaceleración de la inflación mensual y la estabilidad cambiaria relativa, en amplios sectores de la sociedad persiste la sensación de retroceso económico. Comercios cerrados, caída del consumo y dificultades productivas forman parte de una escena que golpea especialmente al interior del país y a las pequeñas y medianas empresas.

Al mismo tiempo, dentro del oficialismo crecen las discusiones sobre el futuro político de Milei. Algunos dirigentes libertarios comenzaron a reconocer que el escenario para una eventual reelección ya no parece tan despejado como meses atrás. Las dificultades para ampliar la base política, las tensiones con gobernadores y la falta de estructura territorial aparecen como problemas cada vez más visibles.

En sectores opositores sostienen que el Gobierno perdió capacidad de construir consensos y quedó atrapado en una lógica de confrontación permanente. Desde el peronismo hasta espacios provinciales y sindicales coinciden en que la administración nacional enfrenta un creciente aislamiento político. Incluso parte de los aliados circunstanciales que acompañaron leyes clave en el Congreso comenzaron a tomar distancia.

La situación internacional tampoco ayuda. El contexto global de desaceleración económica, los conflictos geopolíticos y la incertidumbre financiera limitan las posibilidades de que Argentina reciba inversiones masivas en el corto plazo, una de las principales apuestas discursivas del oficialismo desde el inicio de la gestión.

Mientras tanto, la figura presidencial continúa ocupando el centro absoluto del esquema político libertario. Pero justamente esa hiperpersonalización del poder hace que cada crisis, conflicto o dificultad impacte directamente sobre Javier Milei. Sin una estructura política tradicional, sin gobernadores propios y con tensiones internas cada vez más expuestas, el oficialismo enfrenta el desafío de sostener cohesión en un escenario mucho más complejo que el de sus primeros meses de gobierno.

La gran incógnita que comienza a recorrer la política argentina es si Milei podrá transformar el ajuste permanente en una estrategia sostenible o si el desgaste económico y político terminará erosionando la base de apoyo que lo llevó al poder. Por ahora, el Gobierno insiste en profundizar su programa económico y mantiene el discurso confrontativo como núcleo central de su identidad política. Sin embargo, en la Casa Rosada ya saben que el escenario dejó de ser el mismo.

El Presidente conserva todavía un núcleo duro de respaldo y capacidad de impacto mediático, pero la combinación de crisis económica, internas de poder y conflictos sociales empezó a modificar el humor político. Y en ese nuevo escenario, cada vez más dirigentes, propios y ajenos, comienzan a preguntarse si el proyecto libertario podrá sostenerse intacto hasta el final del mandato o si la etapa de desgaste recién empieza.

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