EL ODIO Y LA HELADERA
20 agosto, 2024La vida de los pueblos, la historia y los acontecimientos no son fotografías, son películas en tiempo real. La actual, es una época disruptiva y controvertida. Todas las eras son diferentes, pero tienen cosas que las unen. Los vasos comunicantes trascienden a los tiempos. Nada es definitivo.
No caben dudas que la Argentina está sufriendo una crisis profunda. Quienes nacimos de la mitad del siglo XX hacia acá nunca transitamos momentos similares al actual en tiempos de Democracia. La desigualdad, la pobreza y la falta de expectativas a futuro son elocuentes. Los tiempos de hoy son autoritarios y verticalistas. Por su lado, la tecnología vino a fortalecer la globalización y el neoliberalismo. Esta vez, tomó ribetes de odio extremo. El individualismo domina el discurso y los hechos, pero aún no es hegemónico.
Las últimas elecciones mostraron que hay casi una mitad que reconoce las problemáticas del movimiento popular, pero comprende que el enemigo es mucho más poderoso y maligno. Los tiempos presentes así lo aseveran.
El presidente Milei ganó la contienda electoral insultando, denostando al adversario, estigmatizando y discriminando. El mensaje de aplastar al otro es una realidad instalada en una porción preocupantemente alta de la sociedad. Lo vemos al diario en las calles, en el tren, en las barreras, en un semáforo y en cualquier lugar donde se acumule gente. El modelo propone comprar productos a los cuales no se puede acceder, salvo un grupo minoritario. La frustración provoca más violencia.
Es incipiente el talón de Aquiles del modelo. Un capitalismo sin consumidores es una incongruencia. El círculo de la económica se rompe. El que produce no satisface la inversión hecha, el que vende no tiene clientes y el que consume no tiene plata para comprar. Ya sea automóviles, viajes a Cancún o paquetes de arroz. La frase de que “no hay plata” fue un chiste de los acompañantes del gobierno en sus albores, pero al cristalizarse en hechos concretos perdió gracia. Nadie lo repite. Tampoco se habla de Casta ni de dolarización. El pensamiento que estaba direccionado a que el ajuste, esta vez, no lo iban a pagar a los meritorios se cayó como un piano.
Nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo. Estamos en la antesala del punto óptimo de deterioro económico. Las cifras, los datos, los números, las estadísticas están por debajo de tiempos históricas. En el quinto subsuelo.
El odio hacia el peronismo no es nuevo, pero se solidificó en una porción más que interesante de los sectores populares, y esa consolidación sí es novedosa. Algo estará por verse en el futuro inmediato siguiendo con la idea de que los acontecimientos históricos son vivos. La heladera vacía tiene un peso específico tremendamente poderoso, sin dudas el más pesado de todos. La pregunta de saber ¿que pesa más, si el odio o la heladera vacía? tendrá respuestas en un tiempo no muy lejano. La realidad se impondrá. Para lo que no hay respuesta es para saber si cuando llegue ese momento habrá una organización política suficientemente inteligente y capaz de capitalizar ese momento para transformarlo en nueva senda virtuosa.




