EL DESAFÍO DE TRANSFORMAR LO VIRTUAL EN REAL
4 noviembre, 2020(Docentes en formación de Nivel Inicial no pudieron hacer sus prácticas de manera presencial)
Van llegando hasta la puerta del jardín tomados de la mano del adulto que los acompaña, besos y abrazos como despedida momentánea. Los recibe la mirada de una maestra que sonríe. Son muchos y muchas que se van juntando en el salón de usos múltiples. El bullicio crece hasta que el saludo organiza. Se tomarán de las manos, formarán una ronda, caminarán enganchados en trencito hasta la salita. La señorita Gaby llamará a Catalina y a Lupe que seguramente se quedarán abrazadas y rezagadas. Se sentarán agrupados en el suelo. Gaby probablemente levantará los brazos y después de cantar un rato se sentará entre ellos.

La pandemia cortó abruptamente los primeros pasos hacia la socialización y la integración de niños y niñas. Seguramente tendrán la posibilidad de recuperar lo valioso de la etapa. Los gobiernos, las instituciones y los propios docentes le pusieron el alma y el corazón a lo inesperado con la única finalidad de seguir hacia adelante. Nada se puede perder. Hay que seguir, como sea pero hay que seguir.
En la República Argentina, el nivel inicial es el primero del sistema educativo y abarca desde los cuarenta y cinco días hasta los cinco años cumplidos, según la Ley Nacional de Educación.
La pandemia castiga particularmente a quienes están en el momento culmine de su formación como docentes de educación inicial: un estudio realizado por el Observatorio Argentinos por la Educación Indica que en todo el territorio nacional hay un total de 1.798.831 alumnos y alumnas que cursan el nivel inicial.

Las y los alumnos del cuarto año del profesorado de Nivel Inicial no tuvieron prácticas con niños y niñas. No pudieron atravesar la experiencia real de tener una sala de jardín a su cargo. Recibieron esta etapa de su formación- quizás la más importante de la carrera- en forma virtual.
¿Es posible trasladar este tipo de aprendizajes virtuales a los vínculos reales?
El escritor, pedagogo e investigador argentino Carlos Skliar en una entrevista brindada e EL DIARIO de la EDUCACIÓN reflexionó: “Si hubiera una potencia en el educador ella es la del cuidado, la compañía, la conversación a propósito del mundo y de la vida, y la hospitalidad. No se trata solamente de contenidos, sino de continentes. No es una cuestión de formato sino de urgente presencia. Y no es un problema de estar ocupados, sino de estar juntos”.

Mónica Flores es profesora de Prácticas Docentes de Nivel Inicial en el Instituto de Educación Superior número 29 de Merlo. Es el de mayor matrícula de la provincia de Buenos Aires. En relación a la necesidad del contacto presencial en las prácticas docentes, dice: “Enseñar en el nivel inicial tiene que ver con el cobijar, con el acunar, con el mirar, con el sostén, con el acompañar, con el recibir a los recién llegados al mundo”. Muestra preocupación. Cuenta que se le plantea un gran interrogante respecto a cómo las alumnas podrán resolver lo aprendido en la virtualidad, en el aula con los alumnos. “Hemos garantizado el derecho a la enseñanza y al aprendizaje. Utilizamos recursos audiovisuales, videollamadas, experiencias propias; así y todo creo que no es suficiente“, se lamenta. También agrega que cuando comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio, buscó diversas estrategias para sostener la continuidad pedagógica de las estudiantes. “Comenzamos a utilizar el aula virtual. Nos reinventamos creyendo que prontamente íbamos a volver al aula. Pensamos que podíamos profundizar en los aportes teóricos y en incorporación de bibliografía”.
En lo particular, Puchy, como se la conoce, sostiene: “Una siente que igualmente enseñó”, y sobre todo que se pudo sostener el lazo y mantener la presencia del Instituto”.
En este momento, con los meses transcurridos, y habiendo llegado casi al cierre de la cursada, no sabe si lo que aprendieron sus alumnas es suficiente para poder ingresar al aula a enseñar. Piensa que es muy difícil trasladar la disponibilidad corporal, la palabra y la mirada del docente desde la virtualidad. “Por eso la presencialidad no puede faltar”.
El momento de la evaluación
Lo cierto es que nadie eligió cursar en forma virtual. Como tampoco nadie eligió atravesar una pandemia. Pero sí hay algo que tampoco deja de ser cierto: las alumnas de cuarto año del profesorado de Inicial, en su último de formación, no estuvieron nunca frente a alumnas y alumnos de jardín.
Mónica piensa junto a sus compañeros y a la dirección del Instituto, cómo sería la etapa de evaluación final. “Estamos en la etapa de la evaluación en la que se acreditan aprendizajes”. Las alumnas deben pensar propuestas de enseñanza, pero lo tienen que hacer en el aire, en la imaginación y no es lo mismo”, reflexiona. Siente que hay un vacío, siente que falta la enseñanza que solamente se da en el contexto de la escuela. Además considera que va a haber muchas dificultades si se dan por aprobados los contenidos. “No se puede suplantar ese cuerpo a cuerpo entre el niño y el adulto que le otorga un sentido significante. Tenemos que seguir viendo cómo podemos otorgar no solo educación, sino una buena educación”, analiza.
Repensar el ciclo
“Yo realmente repensaría este ciclo. Sería importante garantizar la realización de la práctica en la presencialidad. Se me ocurre en extenderlo. Al menos el campo de las prácticas tanto de tercero como de cuarto debería extenderse. Lo virtual no reemplaza lo presencial”, propone Mónica.
Es un hecho que el período de Formación Superior se extenderá hasta el 30 de abril de 2021. Es casi un imposible que a esta altura la situación epidemiológica permita alguna experiencia de presencialidad. En algunos Institutos están pensando en modelos de evaluación de cierre integral para poder articular con los jardines.
Al respecto existen certezas y algunas proyecciones a mediano plazo. El Instituto número 29 posee diversas carreras docentes. Además, cuenta con la particularidad de que su directora, Sandra González es maestra en educción inicial. Sandra destaca como saldo positivo que han trabajado muy en conjunto con el equipo de prácticas. “En situaciones convencionales, con los cuartos años se hacen encuentros entre las docentes en formación y las alumnas y alumnos de jardines asociados. Se realiza en los primeros días de marzo, apenas iniciado el ciclo lectivo. Es un trabajo de observación”, detalla.
A principio de este año, cuenta Sandra que esas actividades sí se pudieron llevar adelante, y de acuerdo a esas observaciones se pudieron realizar las planificaciones de las estructuras didácticas. “Por ejemplo unidades didácticas, proyectos y secuencias didácticas. De todas manera resultó muy complejo”, agrega.
La directora del instituto sostiene que el ciclo de jardín maternal es el más complicado, y en relación a esto han trabajado con las maestras y con los directivos de los jardines. Otro aspecto positivo “es el trabajo conjunto que estamos haciendo con el gobierno de la provincia de Buenos Aires, ya que surgió una propuesta que sería muy valiosa, otorgar un acompañamiento a los docente nóveles que se hayan recibido en el contexto de pandemia. Creo que es una buena idea”, concluye.




