EL GOBIERNO DECLARÓ SECRETA UNA NUEVA COMPRA MILITAR Y NO INFORMÓ QUÉ EQUIPAMIENTO ADQUIRIRÁ
20 octubre, 2026A través del Decreto 1205/2026, Javier Milei y el ministro de Defensa, Carlos Presti, dispusieron mantener bajo reserva las actuaciones vinculadas con una adquisición para las Fuerzas Armadas. La medida impide conocer públicamente el material involucrado, los montos de la operación y los posibles proveedores. La decisión se suma a otros antecedentes de utilización del régimen de secreto militar durante la actual gestión.
El Gobierno nacional dispuso clasificar como secreto militar las operaciones contractuales vinculadas con una nueva adquisición de material y equipamiento para las Fuerzas Armadas. La decisión quedó formalizada mediante el Decreto 1205/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el ministro de Defensa, Carlos Alberto Presti, y publicado en el Boletín Oficial el lunes 19 de octubre.
La norma alcanza a las contrataciones identificadas en un expediente administrativo del Ministerio de Defensa y habilita a los organismos responsables a avanzar con el procedimiento sin cumplir las obligaciones habituales de publicidad y difusión de las actuaciones. De esta manera, no se puede conocer a través del decreto qué elementos serán adquiridos, cuál será el costo de la operación, quiénes serán los proveedores ni qué fuerza recibirá el equipamiento.
En los fundamentos de la medida, el Poder Ejecutivo argumentó que la naturaleza, las características y la finalidad de la adquisición requieren que la información sea conocida exclusivamente por personas autorizadas. Según el texto oficial, su divulgación podría comprometer la seguridad nacional y los medios de defensa del país.
El decreto también faculta a la Subsecretaría de Gestión Administrativa del Ministerio de Defensa a instrumentar las medidas necesarias para concretar la operación. Sin embargo, no incluye detalles técnicos que permitan determinar si se trata de armamento, vehículos, sistemas electrónicos, infraestructura u otro tipo de equipamiento.
La principal incógnita es qué comprará el Estado y cuánto dinero destinará a la operación. El documento publicado no permite establecer esos datos, por lo que cualquier versión sobre el tipo de material o su destino específico debe considerarse una especulación mientras no exista información oficial que la respalde.
La decisión se fundamenta en tres normas: la Ley de Defensa Nacional 23.554, la Ley 24.948 de Reestructuración de las Fuerzas Armadas y el Decreto 9390/1963. Esta última disposición contempla la clasificación como secreto militar de determinadas adquisiciones, fabricaciones y construcciones consideradas fundamentales para la preparación y el empleo de las fuerzas.
El decreto de 1963 fue dictado durante el gobierno de José María Guido y continúa siendo una de las bases normativas para establecer reservas en procedimientos relacionados con la defensa. En este caso, el Gobierno recurrió a esa herramienta para exceptuar las actuaciones comprendidas en la adquisición de las reglas habituales de publicidad y difusión.
La medida no constituye el primer antecedente de este tipo durante la administración de Milei. En 2024, el Ejecutivo utilizó el régimen de secreto militar para operaciones vinculadas con la incorporación de aviones de combate F-16 adquiridos a Dinamarca, así como para contrataciones relacionadas con infraestructura y otros procedimientos asociados a esos sistemas de armas. En 2026 también se dictó una disposición vinculada con la salida temporal de material de esas aeronaves para tareas de mantenimiento y actualización.
No obstante, la nueva adquisición tramita mediante un expediente diferente y el Decreto 1205/2026 no menciona expresamente a los F-16 ni identifica a la Fuerza Aérea como destinataria. Por lo tanto, no es posible asegurar que se trate de una operación vinculada con esos aviones.
El anuncio se conoce en medio de un proceso de reequipamiento de las Fuerzas Armadas impulsado por el Gobierno nacional. Entre las principales incorporaciones de los últimos años se encuentran los 24 aviones F-16 adquiridos a Dinamarca, vehículos blindados Stryker para el Ejército, helicópteros Black Hawk y aviones de patrulla marítima P-3 Orion para la Armada. Cada una de estas operaciones tiene sus propios procedimientos y condiciones, por lo que no deben confundirse con la compra ahora declarada secreta.
El debate sobre la reserva de información en materia de defensa también se relaciona con la necesidad de equilibrar dos objetivos: proteger datos cuya difusión pueda comprometer capacidades militares y garantizar el control sobre el uso de los recursos públicos. En las contrataciones estatales, la publicidad permite conocer las condiciones de las operaciones, los montos comprometidos y los mecanismos de selección de proveedores. Cuando se aplica una clasificación de secreto militar, esa información queda restringida en los términos previstos por la normativa.
En paralelo, la decisión se conoció en un contexto de nuevas tensiones diplomáticas entre la Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas. Sin embargo, el decreto no establece ninguna relación expresa entre la adquisición reservada y la disputa territorial, por lo que no hay elementos suficientes para atribuirle ese objetivo.
Por ahora, el Gobierno no difundió públicamente información adicional que permita precisar el alcance material y económico de la operación. La publicación del decreto confirma la decisión de mantener bajo reserva las actuaciones contractuales, pero deja sin respuesta las preguntas centrales sobre qué equipamiento se incorporará, cuánto costará y cuál será su destino dentro de las Fuerzas Armadas.


