“Yo te daré…”

“Yo te daré…”

16 octubre, 2020 0 Por Sitio digital Columna de Opinión

Si tuvieras la posibilidad de viajar en el tiempo y presenciar cualquier hecho, cualquier acontecimiento de la historia humana o anterior a nuestra aparición en el planeta… ¿cuál sería ese momento histórico que desearías visitar, o mejor aún, ser parte…? ¿Lo pensaste alguna vez…?

Yo lo pensé muchas veces, muchísimas. Siento amor y pasión por la historia. Desde que tengo memoria me interesé por ella. Imagínense la cantidad de lugares que me encantaría conocer, y hechos de los cuales moriría por protagonizar… Sin embargo, mi respuesta siempre fue la misma: quiero estar en cuerpo presente, vociferando y agitando mis brazos en un solo día y en un solo lugar; y cantando: “Yo te dareeeé…”

Deseo fervientemente estar allí, sintiendo que el corazón me estalla en la garganta, que la sangre corre a raudales por mis venas impulsándome hacia un fin último que me supera, que nos supera, y que si bien nos excede, al mismo tiempo nos contiene, porque somos en él, con él, por medio de él. Hoy comenzamos a nacer, pero es un segundo nacimiento. El anterior, en el vientre materno había sido el nacimiento a la vida. Este es el nacimiento a la dignidad: al fin somos dignos y dignas, al fin dejamos de ser objetos para pasar a ser sujetos, enhorabuena las manos callosas y arrugadas de nuestros mayores logran transformar el lodo en ladrillo, la madera en mesa, el sudor en esperanza y la opresión… la opresión en justicia social.

La alegría dibujada en los rostros, los lazos de solidaridad, los gestos de cariño, de comprensión, de complicidad pero también las demostraciones de fuerza y de un temple inquebrantable habitan los cuerpos y cuerpas que “invadieron” la ciudad: somos los desheredados de la tierra, somos la sublevación del subsuelo en búsqueda del sol del 25 que se le prometió al país entero pero se lo apropió una minoría: si el sol del 25 no es para todo el pueblo, entonces el del 17 lo será, y más aún, lo será para todos los pueblos del mundo. Para agravio de la gente decente, el agua fresca de la fuente refresca las patas de muchas y muchos…

Otra vez me veo cantando mientras avanzamos hacia la Casa Rosada: “Yo te daré… te daré Patria hermosa…”, pero no es sólo cantar, es mucho más que eso. Es poner el amor en simples y rítmicas letras, es el agradecimiento de la masa trabajadora que por primera vez en su historia sentía que era, que existía; que sus hijes habían nacido o nacerían pronto en un país distinto. ¿Por qué distinto? Porque ahora también es de las y los grasitas, de les trabajadores rurales, de los y las obreras industriales, de los y las empleadas de comercio, de los y las ancianas: un país en el cual los únicos privilegiados son los niños, y en especial las y los suyos…

Vuelvo a cantar con toda la marea humana que a esta altura de la tarde noche se hace incontenible sobre la Plaza de Mayo: “Yo te daré… te daré Patria hermosa, te daré una cosa…”.

Miro sus ojos, sus rostros: no expresan rencor, ni odio, a pesar de tener motivos de sobra para sentirlos a flor de piel. Podrían, pero no… prefieren la esperanza, la gratitud, la felicidad… Veo esos ojos, algunos claros, que denotan una descendencia europea, otros oscuros, más propios de nuestros pueblos originarios, sin embargo en todos ellos se pueden apreciar lo mismo: un fuego que brilla intensamente y que ya nunca más se podrá apagar. Es el fuego de los hornos de las cocinas en invierno, que al tiempo que nos abriga y nos reúne; nos alimentan el espíritu y les cuerpos y cuerpas. Es ese calor abrazador que es imposible no sentir.  En él,  reside la fuerza de un pueblo decidido a ser libre y justo, a ser un pueblo digno…

A pesar de la hora me es imposible dejar de cantar. Igualmente no deseo hacerlo, al contrario. Es noche cerrada. Cada vez lo hago, ¡lo hacemos! con más y más fuerza: “Yo te daré… te daré Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P…”. Paz, pan, posibilidades, placer (del teatro o el cine, de la lectura y del ocio), e incluso la misma “P” de Patria, que ya no pertenece a 200 familias ganaderas… Son muchas las cosas con “P” que está conquistando el pueblo. Algo que parecía impensable hasta hacía solo un par de años: ¡poder!! Pero es un poder que solo busca construir una sociedad donde quepan todos y todas. Una sociedad en la que todos tengan derecho a gozar de las bellezas de la vida moderna: una brutal, intempestiva y vivificante democratización del goce. Muchas cosas con “P”, y sentimos que se las debemos a alguien… aunque sabemos que es el resultado de la lucha de generaciones, de un colectivo, de una comunidad. Una cosa no quita la otra, y además siempre nos gustaron los líderes… fueron siempre la encarnadura de nuestros anhelos y nuestros sueños… La Plaza revienta de gente, de expectativa y de cariño…

Ya son pasadas las once de la noche. Él sale al balcón y en ese momento se produce el parto tan anunciado. La felicidad brotaba de esas miradas, de esas bocas que no paraban de festejar algo que sin duda ya percibían como histórico: los abrazos, los vítores, la satisfacción de haber hecho historia, por ellas y ellos mismos, por sus pibes y pibas, por sus padres y madres, por los que estaban y por los que habían soñado con un momento así pero no llegaron a verlo, aunque cimentaron con sus luchas el camino para que esos sueños se hicieran realidad…

Y finalmente nos habla él… la emoción recorre una vez más nuestro ser, pero esta vez es algo mucho más intenso, esta vez es inexplicable, indescriptible, esta vez, solo se puede vivir. No hay chances de transferir en palabras, gestos o metáforas lo que sentimos: “¡Únanse! Sean hoy más hermanos que nunca…”. Las lágrimas surcan nuestros rostros, y nos sentimos más unidos y unidas que nunca… acababa de nacer una nueva Argentina, y la clase trabajadora nacía con y en ella…

Ya es casi medianoche. Nos ponemos en movimiento, nos vamos de esta Plaza que de una vez y para siempre acaba de cambiar nuestro país. Esta Plaza acaba de parir al movimiento político más importante de nuestra historia. Se constituye para dar origen a una Argentina en la que el conjunto de trabajadores y trabajadoras están incluidos. Infinidad de derechos y beneficios sociales. Los y las que trabajan pasaron a ser parte constitutiva de la Nación, salvando el presente y el futuro propio y de sus familias.

Llegó la hora de retirarse de su Plaza conquistada eternamente, (compartida años más tarde con nuestras madres que se la ganaron a fuerza de rondas y ovarios). Pero este pueblo no se pueden retirar, repito, sino es cantando: “Yo te daré… te daré Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P… ¡Perón!!!”.

Fernando Montes

(Fer H)

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