SUPERÁVIT FISCAL MAS FALSO QUE MONEDA DE MADERA

SUPERÁVIT FISCAL MAS FALSO QUE MONEDA DE MADERA

17 julio, 2025 Desactivado Por Marcelo Rodríguez

Aquella frase de Eva Duarte que decía “DONDE HAY UNA NECESIDAD NACE UN DERECHO”, con el correr de los años se instaló como una verdad internalizada por el pueblo argentino en su totalidad. Seas o no peronista. Las jubilaciones, el aguinaldo, las vacaciones pagas, las obras sociales, la salud y la educación pública, las universidades gratuitas; entre otros, han sido algunos de los derechos que ni las dictaduras se animaron a poner en cuestión. En la etapa actual de nuestra historia todo lo recientemente nombrado y muchísimo más está a punto de desaparecer, y con ello la clase media que no es otra cosa que la evolución de un sujeto trabajador que se encontró con la movilidad social ascendente y la aprovechó. Pero hay algo que no debe ser soslayado al momento de analizar socialmente este fenómeno. La clase media piensa de manera aspiracional. Cree que con su esfuerzo llegará bien alto en el escalafón social. A tal punto de proyectarse como clase alta. Empieza a registrar como enemigos a los sectores más pobres de la sociedad. También considera que todos sus logros responden a su propio esfuerzo personal.

En estas últimas elecciones nacionales en las que Milei llegó a la Presidencia de la Nación, las clases medias bajas y bajas compraron el mismo discurso. La idea de un Estado enemigo del individuo se instaló por primera vez en nuestro país con apoyo mayoritario.

A esta altura de los acontecimientos ya no caben dudas que la frase del presidente diciendo que es “un topo en el Estado para destruirlo desde adentro”, es bien real. Milei no tiene el suficiente peso político propio para ejecutar semejante desguace del Estado. Milei lo hace porque es un espía que puso el enemigo disfrazado de topo para destruirlo todo.

La motosierra del desguace es manejada por Sturzenegger­­­­. El ajuste, la fuga y el endeudamiento, por Luis Caputo y los palos y las balas por Patricia Bullrrich. Ahí tenemos que mirar cuando hablamos de núcleo de poder. Ellos son los verdaderos artífices de la ejecución del plan de la élite económica local, apoyada por el imperio. Ambos han sido socios históricos.  

Quizás sea el momento de enumerar a la Clase Dominante local.

Marcos Galperin: Fundador y CEO de Mercado Libre. Luis Pérez Companc y familia: con fuertes vínculos en el sector energético y alimenticio a través de empresas como Molinos Agro. Paolo Rocca: presidente del Grupo Techint, un conglomerado industrial con presencia en diversos sectores como acero, energía e infraestructura. Eduardo Eurnekian: empresario con inversiones en aeropuertos, energía, agroindustria y otros sectores. Alejandro Pedro Bulgheroni: figura clave en la industria petrolera y energética a través de Pan American Energy.  Hugo Sigman y Silvia Gold: propietarios del Grupo Insud, con intereses en farmacéutica y biotecnología. Eduardo Costantini: desarrollador inmobiliario, fundador de Consultatio. Familia Werthein: inversiones en diversos sectores, incluyendo energía, telecomunicaciones y finanzas. Familia Rocca: con fuertes lazos con el Grupo Techint y otras empresas industriales. Familia Blaquier: histórica familia terrateniente con vastas propiedades agrícolas y ganaderas. Estos son los principales actores de la clase dominante argentina, pero no son los únicos.

El gobierno está yendo mucho más allá de la destrucción del Estado. Jubilados y empleados públicos son los perjudicados directos, pero la economía de bolsillo y la actividad económica concreta (no financiera) está en la lona. La falta de una política económica que ayude a dinamizar los ingresos, y el concepto de entregarle todo al Mercado está detonando a todos los sectores. La construcción, la industria manufacturera, el comercio, restaurantes y hoteles, el campo, productos textiles y calzado, alimentos y bebidas, etc.

Si la Argentina sigue por este camino. Si la población no reacciona y se decide a utilizar el voto como herramienta para frenar esta sangría, todo irá peor. La Argentina se encaminará indefectiblemente hacia el fin de la República. Quizás nuestro país se transforme en un Estado asociado, o un Virreinato, o una Confederación, o una Republiquita, o simplemente una Colonia.

Por estas horas el modelo muestra sus agujeros a plena luz del día. El Senado parece estar poniéndole un freno a la catástrofe. Un plan económico que anuncia como su gran éxito el equilibrio fiscal no puede derrumbarse por un pequeño aumento a los jubilados y por una ley de emergencia en discapacidad. Si el descalabro detona por estas ínfimas recomposiciones, es porque el superávit fiscal es más falso que moneda de madera.

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