REEMPLAZOS EN LA CÚPULA MILITAR: MILEI DEFINE UNA NUEVA ESTRUCTURA DE MANDO

REEMPLAZOS EN LA CÚPULA MILITAR: MILEI DEFINE UNA NUEVA ESTRUCTURA DE MANDO

5 diciembre, 2025 Desactivado Por Sitio digital Columna de Opinión

El presidente Javier Milei oficializó una profunda renovación en la conducción de las Fuerzas Armadas, con cambios significativos en el Ejército, la Armada y el Estado Mayor Conjunto. Únicamente la Fuerza Aérea mantiene a su jefe actual.

Azul Spalletta/ El Gobierno anunció una reconfiguración completa de la cúpula militar, una decisión que llega en medio de la reorganización interna impulsada tras la designación de Carlos Alberto Presti como próximo ministro de Defensa. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, comunicó los movimientos a través de sus redes sociales.

En el Ejército Argentino fue designado como nuevo jefe el general de división Oscar Zarich, quien reemplazará al teniente general Carlos Alberto Presti. La salida de Presti del cargo se debe a su inminente llegada al Ministerio de Defensa, un movimiento ya confirmado por el Ejecutivo.

En la Armada Argentina asumirá la conducción el vicealmirante Juan Carlos Romay, quien ocupará el lugar que hasta ahora tenía el almirante Carlos María Allievi. Con esta modificación, la fuerza naval también se alinea con la estructura renovada que impulsa el Gobierno.

El Estado Mayor Conjunto, una pieza clave en la coordinación de las tres fuerzas, pasará a estar a cargo del vicealmirante Marcelo Dalle Nogare. El funcionario reemplazará al brigadier general Xavier Julián Isaac, quien deja el puesto luego de un año marcado por debates internos y redefiniciones estratégicas.

La única continuidad dentro de la cúpula castrense se da en la Fuerza Aérea Argentina. El brigadier mayor Gustavo Valverde fue ratificado en su cargo y seguirá al frente de la institución, un gesto que desde el entorno presidencial interpretan como una señal de confianza hacia su gestión.

Con estos cambios, Milei busca dar forma a un nuevo esquema de conducción militar, más alineado a las prioridades que su administración pretende imponer en materia de defensa y seguridad nacional. La reconfiguración llega en un contexto político tenso, dentro de una agenda que el Ejecutivo defiende como parte de un proceso de modernización institucional.

La movida del Gobierno deja en evidencia una concentración de poder que se volvió una marca registrada de esta gestión. Cambiar casi toda la cúpula militar en un mismo día no parece el resultado de un proceso de evaluación profundo, sino más bien una reacción política inmediata, diseñada para ordenar un tablero interno que venía mostrando tensiones. La velocidad y la forma en que se ejecutó la reestructuración plantean dudas legítimas sobre la planificación real detrás de estas decisiones.

En un contexto donde la economía atraviesa un deterioro que golpea directamente a los sectores más vulnerables, y donde los conflictos sociales se multiplican, el foco del Ejecutivo vuelve a correrse hacia lugares que no modifican en lo más mínimo la vida cotidiana de la población. La discusión pública gira en torno a la pobreza, la inflación, la caída del salario y la pérdida de empleo, mientras el Gobierno dedica su energía a reorganizar la cúspide de las Fuerzas Armadas, como si ese fuera hoy el problema prioritario del país.

Además, la falta de explicaciones claras sobre por qué se realizan estos cambios alimenta la sensación de improvisación que rodea a muchas de las medidas del Ejecutivo. Las Fuerzas Armadas requieren conducción, estabilidad y profesionalismo, no decisiones impulsivas que dan la impresión de responder más a necesidades políticas del momento que a una estrategia de Defensa a largo plazo.

El reordenamiento de la estructura militar puede hablar más de la inseguridad política del Gobierno que de su fortaleza. Y en un país que necesita señales de estabilidad, previsibilidad y dirección, estas decisiones contradictorias no parecen ir en ese camino.

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