LIBERARON AL GENDARME ARGENTINO NAHUEL GALLO TRAS 448 DÍAS DETENIDO EN VENEZUELA
2 marzo, 2026Después de pasar más de un año —448 días en total— detenido en el penal El Rodeo I de Venezuela, el cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina, Nahuel Gallo, recuperó su libertad y ya viaja a la Argentina para reencontrarse con su familia. La liberación se dio en un contexto de negociaciones diplomáticas y gestiones internacionales que incluyeron a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y países aliados.
Un final esperado tras una detención controvertida
Después de más de un año privado de su libertad en Venezuela, el cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina Nahuel Agustín Gallo recuperó la libertad y regresó a la Argentina, donde fue recibido por su familia tras 448 días de detención. Su liberación se concretó en las últimas horas luego de una serie de negociaciones diplomáticas que se mantuvieron en reserva y que involucraron tanto a gobiernos como a organismos internacionales y actores no tradicionales de la política exterior.
Gallo había sido detenido el 8 de diciembre de 2024 al ingresar a Venezuela desde Colombia con el objetivo de visitar a su pareja y a su hijo, que residen en Caracas. En un control fronterizo fue arrestado por fuerzas de seguridad venezolanas, acusado de espionaje y terrorismo, cargos que nunca fueron formalmente sustentados en un proceso judicial transparente ni acompañados por pruebas públicas.
Desde el inicio, la detención generó preocupación en el Gobierno argentino y en organismos de derechos humanos, ya que durante largos períodos no se permitió el acceso consular regular, ni se informó oficialmente sobre su estado de salud o las condiciones de detención.
El Rodeo I y las denuncias por violaciones a los derechos humanos
Durante gran parte de su cautiverio, Gallo permaneció alojado en la cárcel El Rodeo I, un penal ubicado en las afueras de Caracas que ha sido señalado en reiteradas oportunidades por organizaciones internacionales como un centro de detención utilizado para presos políticos y extranjeros. Informes de ONG venezolanas e internacionales advierten sobre condiciones de detención severas, aislamiento prolongado y restricciones al contacto con familiares y abogados.
La familia del gendarme denunció en reiteradas oportunidades que el caso reunía características de detención arbitraria e incluso de desaparición forzada, debido a la falta de información oficial durante los primeros meses. Estas denuncias fueron elevadas a foros internacionales y motivaron pronunciamientos de organismos como la Organización de Estados Americanos, que reclamaron explicaciones al gobierno venezolano.
El trasfondo político y la tensión bilateral
El caso de Nahuel Gallo se produjo en un contexto de relaciones diplomáticas frágiles entre Argentina y Venezuela. Desde la asunción del presidente Javier Milei, el vínculo bilateral atravesó momentos de fuerte tensión, con críticas públicas del Gobierno argentino a la situación institucional y de derechos humanos en Venezuela, gobernada por Nicolás Maduro.
En ese escenario, la detención de un miembro activo de una fuerza de seguridad argentina fue interpretada por sectores políticos y analistas como un gesto de presión política o una represalia diplomática, hipótesis que nunca fue confirmada oficialmente pero que circuló con fuerza en ámbitos diplomáticos.
Durante meses, el caso avanzó a través de canales discretos, con negociaciones indirectas y mediaciones internacionales, evitando la exposición pública para no entorpecer una posible salida humanitaria.
La liberación y el rol de actores internacionales
La liberación de Gallo se concretó el 1° de marzo de 2026. Según confirmaron fuentes oficiales, el gendarme salió de Venezuela a bordo de un vuelo especialmente coordinado y regresó a la Argentina, donde fue recibido por su esposa y su hijo, Víctor, en un reencuentro cargado de emoción.
Las gestiones incluyeron la intervención de gobiernos aliados, organismos de derechos humanos y también de actores inesperados, como la Asociación del Fútbol Argentino, que colaboró como puente informal en el marco de contactos bilaterales con Venezuela. Desde el Gobierno argentino se agradeció especialmente el apoyo de Estados Unidos, Italia y de la ONG Foro Penal, dedicada a la defensa de presos políticos en Venezuela.
El canciller argentino destacó que la liberación fue posible gracias a una estrategia diplomática sostenida, basada en el reclamo humanitario y en el respeto al derecho internacional, evitando escalar el conflicto por vías públicas.
El reencuentro y el impacto humano
Aunque no se difundieron declaraciones extensas del propio Gallo, las imágenes del reencuentro con su hijo y su pareja reflejaron el impacto emocional de una separación forzada que se extendió por más de un año. Su familia había encabezado campañas públicas, pedidos de ayuda y reclamos ante organismos internacionales, manteniendo el caso visible cuando parecía estancado.
El regreso del gendarme cerró un capítulo de profunda angustia personal, pero también dejó al descubierto las dificultades que enfrentan ciudadanos extranjeros detenidos en Venezuela, especialmente en causas atravesadas por disputas políticas.
Un caso que no es aislado
La liberación de Nahuel Gallo reactivó el debate sobre la situación de otros argentinos y extranjeros detenidos en Venezuela. Organismos de derechos humanos advierten que aún existen personas privadas de libertad sin garantías judiciales plenas, en un contexto donde la Justicia venezolana es cuestionada por su falta de independencia.
Para el Gobierno argentino, el caso se convirtió en un antecedente clave en su política exterior hacia Venezuela y en un recordatorio de los límites y desafíos que implica la protección consular en escenarios de alta conflictividad política.
Si bien la liberación de Nahuel Gallo fue celebrada como un desenlace positivo, el episodio dejó múltiples interrogantes: sobre el uso político de las detenciones, sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela y sobre el rol que deben asumir los Estados ante la detención arbitraria de sus ciudadanos en el exterior.
El reencuentro familiar marcó el final de una larga espera. El debate diplomático y político, en cambio, sigue abierto.




