LA PELOTA LA TIENE MASSA
7 julio, 2023Para empezar a hablar de política, de las próximas elecciones, de las y los candidato a presidente, de los 40 años de “Democracia” lo primero que hay que poner en la mesa es que la principal líder política del país, y junto a Lula Da Silva de la región (Cristina Fernández de Kirchner)(CFK) está proscripta. Es lo primero a tener en cuenta. Dicho esto, la pasada, fue una semana cargadísima de análisis, enojos, aceptaciones, virajes repentinos, acodamientos, etc. En la columna del sábado pasada cuando era reciente la noticia que el candidato de la unidad iba a ser Sergio Massa, entre comillas porque Juan Grabois también va a ser precandidato a presidente con la misma boleta que la fórmula oficialista de Massa- Rossi. Bueno. Decíamos la semana pasada entonces, que para la militancia era imperiosa la necesidad de una explicación y que esa explicación tenía que ser bien convincente. Como ya se sabe CFK contó detalles de cómo fueron las últimas horas anteriores a la decisión. Respecto a esto parece oportuno hacer una diferenciación entre el militante orgánico que rápidamente comprende los argumentos, (aunque que todavía no termina de aceptar del todo la candidatura) y el kirchnerista/peronista suelto. El adherente, ese militante que va a las marchas, el que defiende los 12 años de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, el politizado que busca sumar votos de a uno y no tiene porqué entender las cuestiones de los palacios y las superestructuras. Las respeta, conoce que es parte del juego pero a su vez sabe que en esos escalafones del poder, los sentimientos no son muy tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones. Ese público leal a las ideas y a las convicciones no está con demasiadas ganas de hacerse cargo de tener que defender al actual ministro de Economía y precandidato a presidente. Esto es algo que se respira en los grupos de watsapp, en los cumpleaños, en los grupos de estudio o en los trabajos. Y en esta instancia surge que es el propio Sergio Massa quién debe convencer a esa militancia de la que hablamos.
Probablemente, en esta decisión, se haya priorizado terminar el mandato, terminarlo en términos de tranquilidad. No es alocado haberse imaginado un escenario con la renuncia del ministro de Economía de un gobierno popular en medio de una interna feroz con una inflación interanual del 114 porciento y un 40 porciento de pobres.
En la génesis del kirchnerismo siempre fue la rebeldía de Néstor Kirchner y la posición de valentía ante el poder real de Cristina los motores que enamoraron al pueblo en el cual anidaban los derechos conquistados allá por el nacimiento del peronismo ha mediado de los años 40 del siglo pasado. Por tal motivo es el candidato quien tiene la responsabilidad de conquistar al pueblo y no al revés. Massa es ministro de Economía y tiene en sus manos la posibilidad de que en un país que viene creciendo su PIB, finalmente llegue la distribución en los sectores populares. Por ejemplo con la tan necesaria y pedida por el sindicalismo más combativo suma fija.
No es cuestión de pasar de ser kircherista a massista así como así. En estos momento la pelota la tiene Massa y él es quién debe decir que va a hacer y como lo va a hacer. Debe decir cuál es el tan mentado programa de gobierno, el tan necesario proyecto de país.
El pueblo que acompaña al peronismo tiene bien claro que Milei, Bullrrich y Larreta son lo mismo y que su proyecto será arrasar con todo vestigio de soberanía y terminarían con los derechos de las mayorías. Salir del abismo esta vez resultará casi imposible. Y además con represión y cárcel. Lo dicen a viva voz. Lo vemos en Jujuy a diario. Ese pueblo debe saber que no ir a votar es una opción que se le volverá en contra muy rápido. Casi como votar al verdugo. Insisto, en el interior de Unión Por la Patria, hay dos opciones para elegir. Por eso se hace imperioso que en los próximos días se escriba en un papel, firmado el plan de gobierno, un contrato electoral que debe ser también un contrato de gobierno entre la dirigencia y el pueblo. Como si fuese una hoja de ruta de cara a la sociedad. Así esa militancia puede actuar como vigilante (así lo Perón).
Parecen tiempos de repliegue con la finalidad de evitar un nuevo intento de desaparición del peronismo como ya sucedió en otras oportunidades. Quizás hoy la resistencia sea no bajar las banderas ni dejar de lado los sueños ni las convicciones. Desensillar hasta que aclare.
El alma y la mente necesitan tiempo para asimilar las frustraciones repentinas. Los momentos de desazón. En algún punto es una derrota, no una goleada en contra, pero derrota al fin.
En estos días se hace necesario comprender la diferencia entre el adversario y el enemigo. Quien aclaró esto con nitidez fue Larreta el jueves pasado que prometió hacer desaparecer al kirchenismo. Ese puede ser un gran ordenador. No es necesario hacer ningún esfuerzo para perder la memoria y acomodarse rápidamente a los nuevos tiempos.
En estos momentos la pelota la tiene Massa. Quizás sean tiempos para jugar el partido con el ceño fruncido. Abroquelados en el fondo, ordenados. Está claro que la identidad del equipo es jugar bien y ganar. Pero la principal figura está afuera de la cancha. Le inventaron un falso doping, le cortaron las piernas. Y algún dirigente propio frisó a un par de suplentes que andan bastante bien. Se avecinan momento de pases cortos y seguros. Estar ordenados a esperar que en algún momento, al transcurrir el tiempo del partido se pueda tener un contragolpe que permita festejar algún gol. Quizás sean tiempos de buscar el empate y continuar insistiendo en que este equipo tiene el mandato histórico de ganar jugando bien. El compromiso y el amor por la camiseta es lo más preciado que tiene este público. Y nunca abandonar una frase muy futbolera, a pesar de esta realidad, no hay mejor defensa que un buen ataque.




