LA INDIGENCIA ES MALNUTRICIÓN
8 junio, 2024Los datos que hace unos días brindó el Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), dicen que un 55 por ciento de argentinos y argentinas están por debajo de la línea de pobreza, y un 17,5 por ciento son indigentes. A partir de esto se me ocurre mirar unos meses hacia atrás en el tiempo y observar de cerca la involución que sufren los sectores populares según las medidas económicas que toman los diversos gobiernos.
Lo primero a tener en cuenta es que cuando se habla de indigencia se habla de mal nutrición. Es decir que una persona, niña o adulta no puede incorporar los nutrientes necesarios para poder liberar el gasto de calorías diario para poder vivir. Ya sea trabajar, estudiar, caminar y todo lo que cualquier persona haga cada día. La indigencia es sinónimo de malnutrición o desnutrición.
Con el gobierno pasado los niveles terminaron siendo muy preocupantes. La pobreza subió seis puntos respecto al número elevado a la que la había llevado Macri quién hizo perder 20 puntos del poder adquisitivo de los salarios, comparados con los números dejados por Cristina Fernández de Kirchner. La pobreza durante el gobierno de Alberto Fernández llegó al 44,7 por ciento de las personas y un 9,6 de indigencia.
Es decir, el año pasado 44,7 porciento de pobres, y ahora, en 6 meses del gobierno de Milei 55 porciento. Y la indigencia trepó de 9,6 a 17,5. Casi el doble.
Hoy en la Argentina, una de cada cinco personas está malnutridas y el gobierno nacional lo único que tiene para decir es que la culpa la tienen las organizaciones sociales que están junto a los pobres. Más revictimización no se consigue. Han ideologizado la pobreza y politizado la entrega de alimentos.
Si vamos bastante más atrás en el tiempo, podemos revisar cómo era la Argentina de principios del siglo pasado. Aquella Nación de los hipotéticos ilustrados de la generación del 80. Aquellos que Milei admira y reconoce como modelo a seguir. Esa Argentina que el presidente dice que fue primera potencia mundial, cuestión que pasa únicamente en su imaginario porque nunca sucedió. Había una clase dominante muy pequeña con todas las riquezas a su merced y un pueblo muy pobre que recibía migajas. Esa es la Argentina a la que el presidente quiere volver.
Me resulta interesante ilustrar aquel país con un fragmento de un ensayo realizado por el historiador Felipe Pigna. Textual: “En 1904, el gobierno de Roca le encargó al médico catalán Juan Bialet Massé un informe sobre el estado de la clase obrera en la Argentina. El funcionario se tomó muy en serio su trabajo y elaboró un documento que se transformó en la más cruda denuncia de los horrores del sistema de explotación de nuestro país. Treinta años después, el doctor Alfredo Palacios, el primer diputado socialista electo en América, realizó un notable viaje por las provincias argentinas y pudo comprobar con gran tristeza que las condiciones económicas y sociales descriptas por el doctor Bialet Massé en su famoso informe se habían agravado dolorosamente: El paludismo es endémico en Tucumán, Salta y Jujuy; el tracoma ha invadido Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Corrientes; la tuberculosis, el alcoholismo y las avariosis se han difundido en todo el país; el bocio y el cretinismo endémico se desarrollan en el Norte, produciendo una situación angustiosa. La mortalidad infantil de 0 a 1 año da índices alarmantes llegando a cerca del 300 por mil en Salta y Jujuy, mientras en Nueva Zelanda apenas llega al 39 por mil. Y como si eso no fuera suficiente, la caravana dolorosa de millares y millares de niños, con los ojos sin luz, con el pecho enjuto, desnutridos, miserables y enfermos, se arrastra por las campañas argentinas llenas de sol. Esos niños son argentinos, hijos de argentinos, nietos de argentinos, bisnietos de argentinos y muchos de nosotros, señores senadores, hemos venido ayer.
Esos niños tristes –concluía Palacios–, de poco peso y de poca talla, van a ser pronto los jóvenes que rechazará el ejército. No es esta una afirmación sin fundamento. Aquí está la prueba que me ha sido entregada por el teniente coronel Rodríguez Jurado, jefe del distrito militar número 61. Consta en este documento que el 45 por ciento de los jóvenes de 20 años presentados para hacer el servicio militar fueron rechazados por debilidad constitucional, falta de peso, de talla o de capacidad torácica”.
El hambre no es endémica en la Argentina, la tierra del trigo, la soja y de la carne. Se redujo notablemente cuando se aplicaron políticas de producción, inclusión y estímulo del consumo, y fue provocada en las reiteradas restauraciones conservadoras por las elites de turno en su afán acaparador y egoísta con sus planes de producción de miseria y desocupación. Su método de acumulación excluye el bienestar general, reduce los salarios –un costo más, según sostiene Macri– que incrementa la pobreza a límites insoportables.
Volviendo al presente, el principal problema que tenía la Argentina hasta el año pasado era la inflación y los trabajadores pobres. Hoy, el principal problema es la indigencia, la pobreza y la desocupación. Hoy, a pesar del brutal ajuste al pueblo, la inflación está por encima de los valores del año pasado habiendo pasado por el terremoto económico provocado por el gobierno. También hay que agregar a la lista la imposición de salarios a la baja.
La historia no es una foto. Más bien es una película por lo dinámica que significa la vida misma. El chiste de la motosierra y las locuras del despeinado están resultando demasiado caros. Queda por delante apostar al despertar de los que todavía confían, y quienes nunca creímos, deberemos estar despiertos para dar vuelta la página cuando la realidad así lo indique.




