LA ERA DEL ALGORITMO
29 agosto, 2024Los tiempos que hoy vive la Argentina son de los peores que se tenga memoria. Desde el punto de vista que lo miremos. Ya sea desde lo social, desde lo político y fundamentalmente desde lo económico. Son tiempos caóticos. A diario decenas de noticias y realidades avasallantes caen sobre las cabezas y las espaldas de las clases populares, de las clases trabajadoras. Hay hambre en la Argentina. Prácticamente no hay buenas noticias. El gobierno nacional llegó para quitar todo lo que estaba bien y agregan nuevas cosas malas para nuestra sociedad. Sociedad que parece un boxeador que está perdido en un rincón del ring después de haber recibido una catarata de trompadas, y que sabe que vendrán más. Como si fuera poco la tecnología actúa como un supuesto remedio que llegó para resolver cuestiones de inteligencia, y no hace otra cosa que presentar hipotéticas soluciones artificiales.
El algoritmo no hace más que afianzar nuestras creencias. El algoritmo te cercena la posibilidad de la diversidad, del aprendizaje, el adoptar nuevos puntos de vista. Te corta la posibilidad de ponerte en el lugar del otro para tratar de comprender por qué piensa como piensa y porqué actúa como actúa. El algoritmo te deja instalado en un lugar de omnipotencia sin más argumentos que el sí porque sí. Si partimos de esta premisa, podremos comprender que el algoritmo es algo creado a partir de una construcción basada en la posición dominante de los medios de comunicación. Hoy inunda las redes sociales, cualquiera de ellas. Estamos ante la posibilidad de presumir que ya no somos sujetos de libre pensamiento y quienes más o quienes menos somos lo que el poder necesita que seamos. Cuando hablamos del poder no hablamos del poder político (puesto menor) sino del poder Económico. El ser humano de hoy está condicionado por el algoritmo, pero esa realidad no invalida la posibilidad de advertirlo, y una vez que podemos advertirlo en forma individual y colectiva recién ahí estamos en condiciones de sortear esa trampa. Sin una sociedad formateada por algoritmos odiantes se hubiese hecho imposible que un ministro de justicia del siglo XI manifieste públicamente en un acto oficial en el Congreso de la Nación que el Gobierno de Javier Milei “rechaza la diversidad de identidad sexual que no se alinea con la biología”. Es precolombino Cuneo Libarona. En la era prealgorítmica casi ningún trabajador hubiese aceptado el concepto de tener que sufrir hoy para ser feliz vaya uno a saber cuándo. Sin un sujeto social aturdido por el odio, hubiese sido impensado que una ministra de Seguridad mande a cagar a palos y gasear a un grupo de jubilados como lo hizo ayer Patricia Bullrrich. Los jubilados prácticamente le suplicaban al presidente de la Nación que no vete la ley, que no le quite la posibilidad de cobrar esos 17 mil pesos vergonzosos que no les alcanzará ni siquiera para comprar una de las cajas de los remedios que Milei les está quitando. Hoy, al igual que en la dictadura y en los años del indulto de Menem es muy cruel ser familiar de un detenido/desaparecido. Es el reino de la revictimización ¿Cuántas veces tendrán que ser juzgados los genocidas? La película 1985 fue orgullo nacional hace poquito ¿Qué pasó?
Diputados de la democracia se reúnen con torturadores y apropiadores de bebés. La vicepresidenta reivindica el genocidio y pretende excarcelar delitos de lesa humanidad. No se animarían a tanto si una porción importante de la sociedad no abalaría estas atrocidades. Los tiempos algorítmicos afirman lo bueno y lo malo, pero en todos los casos te quitan la posibilidad de pensar y analizar.
Un entrenador de futbol, el mejor de todos, decía a sus dirigidos. Podemos dejar de correr, podemos dejar de jugar, pero nunca tenemos que dejar de pensar. Y se me ocurre agregarle que procuremos tampoco dejar de sentir. No dejar de mirar al que se está cayendo al lado nuestro. Que el algoritmo no nos mate la solidaridad. Procuremos, no dejar de pensar y de sentir. Creo.




