IRÁN SE PROCLAMÓ GANADOR DE LA GUERRA Y ASEGURÓ QUE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL NO LOGRARON SUS OBJETIVOS
17 agosto, 2026El presidente del Parlamento iraní y principal negociador de Teherán, Mohamed Baqer Qalibaf, afirmó que Irán se impuso en las dimensiones militares y políticas del conflicto y sostuvo que Estados Unidos e Israel no consiguieron cambiar el régimen ni terminar con el poder de los ayatolás. La declaración se produjo mientras continúa la tensión en torno al estrecho de Ormuz.
El presidente del Parlamento de Irán y principal negociador de Teherán, Mohamed Baqer Qalibaf, afirmó que su país ganó la guerra contra Estados Unidos e Israel, al considerar que ninguno de los dos países consiguió alcanzar los principales objetivos que se había propuesto durante el conflicto.
«Ganamos las dimensiones militares y políticas», sostuvo Qalibaf en un discurso difundido por la televisión estatal iraní. Según el funcionario, Estados Unidos e Israel no lograron provocar un cambio de régimen ni terminar con el poder de los ayatolás, uno de los objetivos que Teherán atribuye a la ofensiva.
El dirigente iraní calificó el resultado como una «derrota absoluta para Estados Unidos y el régimen sionista», aunque reconoció que las Fuerzas Armadas estadounidenses no fueron destruidas. La declaración constituye una nueva expresión de la postura oficial iraní, que busca presentar el desenlace del conflicto como una victoria pese a los daños sufridos durante los enfrentamientos.
LA DISPUTA POR EL RESULTADO DE LA GUERRA
La interpretación iraní sobre el resultado del conflicto se encuentra en abierta contradicción con la posición sostenida por Washington e Israel.
La guerra dejó daños importantes en Irán y una fuerte presión militar sobre el país. Sin embargo, Teherán sostiene que los ataques no consiguieron alcanzar el objetivo político central que atribuye a sus adversarios: modificar el sistema de poder iraní.
La disputa por quién ganó no es solamente retórica. En un conflicto de estas características, cada una de las partes intenta presentar el resultado de acuerdo con sus propios objetivos estratégicos.
Qalibaf puso precisamente el foco en ese aspecto: si el objetivo de Estados Unidos e Israel era provocar un cambio de régimen, ese resultado no se produjo.
El escenario político iraní, además, sufrió modificaciones importantes durante el conflicto. El nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, asumió el liderazgo tras la muerte de su padre, Ali Khamenei, durante los ataques israelíes y estadounidenses de febrero de 2026. Desde entonces, el nuevo liderazgo iraní avanzó en una reorganización de los principales organismos militares y de seguridad.
EL ESTRECHO DE ORMUZ, EN EL CENTRO DEL CONFLICTO
Mientras Qalibaf reivindicaba la victoria iraní, el jefe del Ejército de Irán, Amir Hatami, volvió a referirse al estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tensión entre Teherán y Washington.
Hatami sostuvo que el estrecho constituye una de las condiciones para poner fin a la guerra y aseguró que Irán continuará preservándolo con todas sus capacidades.
La importancia de Ormuz explica por qué el paso marítimo se convirtió en uno de los principales escenarios de presión durante el conflicto.
El estrecho conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y representa una ruta fundamental para el comercio energético internacional. Por allí circula una parte significativa del petróleo y otros productos energéticos provenientes de los países del Golfo.
Por ese motivo, cualquier restricción sobre la navegación tiene consecuencias que exceden ampliamente a Irán, Estados Unidos e Israel y pueden afectar los mercados internacionales de energía y el transporte marítimo.
Según C5N, Irán mantiene restringido el tránsito marítimo y exige autorización y el pago de tasas a los buques que buscan atravesar la zona.
IRÁN DESMINTIÓ A TRUMP
La tensión aumentó después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizara declaraciones sobre un supuesto entendimiento con Teherán relacionado con el estrecho.
Las autoridades iraníes rechazaron esa versión y negaron que Teherán hubiera solicitado evitar nuevos ataques estadounidenses.
La agencia semioficial iraní Mehr calificó como una «nueva mentira» la versión difundida por Trump y sostuvo, citando fuentes militares, que las Fuerzas Armadas iraníes permanecían en máxima alerta y preparadas para responder ante cualquier escenario.
También la agencia iraní Fars desmintió la existencia de un acuerdo para modificar las condiciones de navegación en el estrecho. Según ese medio, un integrante del equipo negociador iraní afirmó que la información difundida desde Israel era falsa y que Ormuz continuaría cerrado mientras Estados Unidos mantuviera lo que Teherán considera acciones hostiles.
La situación, por lo tanto, continúa marcada por versiones contrapuestas sobre las negociaciones y las condiciones necesarias para poner fin al conflicto.
UNA PROPUESTA PARA LA APERTURA DE ORMUZ
En paralelo, un informe difundido por el canal israelí Channel 12 señaló que Trump habría decidido cancelar nuevos ataques después de que el canciller iraní, Abbas Araghchi, aceptara una propuesta destinada a garantizar la apertura del estrecho.
Según ese reporte, el supuesto entendimiento habría sido impulsado por Qatar y Estados Unidos y contemplaría un esquema de navegación por el sector iraní del estrecho, con salida hacia aguas de Omán.
Sin embargo, Irán negó que ese acuerdo exista, por lo que la información no puede considerarse confirmada. La propia agencia Fars rechazó la versión.
UN CONFLICTO QUE DEJÓ UNA REGIÓN EN ALERTA
La disputa entre Irán, Estados Unidos e Israel no se limita al resultado militar inmediato. El conflicto modificó el equilibrio político y militar de Medio Oriente y dejó abierto un escenario de confrontación prolongada.
Un análisis publicado por Le Monde señaló que el nuevo líder supremo iraní inició una reorganización de las estructuras militares y de seguridad con el objetivo de consolidar su autoridad y prepararse para una confrontación prolongada con Estados Unidos e Israel.
La reorganización también expuso diferencias internas sobre cómo debe actuar Teherán frente a Washington. Mientras sectores vinculados con Qalibaf, el presidente Masoud Pezeshkian y el canciller Abbas Araghchi son asociados con una mayor disposición a negociar, otros sectores del aparato de seguridad consideran que Irán debe mantener la presión militar para obtener mejores condiciones en una eventual negociación.
UNA VICTORIA QUE TAMBIÉN ES POLÍTICA
La declaración de Qalibaf debe leerse, por lo tanto, dentro de una disputa política y estratégica que continúa abierta.
Para Teherán, la permanencia del régimen y la continuidad de sus estructuras de poder constituyen una prueba de que Estados Unidos e Israel no alcanzaron sus principales objetivos políticos.
Pero la afirmación de victoria no implica que el conflicto haya quedado resuelto. Las tensiones en torno a Ormuz, las acusaciones cruzadas entre Washington y Teherán y la reorganización militar iraní muestran que las condiciones para una solución definitiva todavía no están consolidadas.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz permanece como uno de los principales puntos de presión. Su apertura, las condiciones de navegación y las garantías exigidas por las partes aparecen como elementos centrales para cualquier eventual acuerdo.
La guerra, entonces, no solo dejó una disputa sobre quién consiguió imponerse en el campo de batalla. También abrió una nueva etapa en la que Irán busca demostrar que sobrevivió a la ofensiva y conservó su estructura de poder, mientras Estados Unidos e Israel sostienen una estrategia de presión destinada a limitar las capacidades de Teherán.
Por ahora, ambas partes continúan defendiendo públicamente su propia interpretación del conflicto. Y mientras Irán se proclama vencedor, la tensión en Medio Oriente permanece lejos de estar completamente cerrada.



