EL GOBIERNO BUSCA SEDUCIR AL CAMPO EN MEDIO DE LA CRISIS: “SI NO LE PONEMOS FLOW, VOLVEMOS AL PANTANO”

EL GOBIERNO BUSCA SEDUCIR AL CAMPO EN MEDIO DE LA CRISIS: “SI NO LE PONEMOS FLOW, VOLVEMOS AL PANTANO”

28 mayo, 2026 Desactivado Por Sitio digital Columna de Opinión

En un contexto marcado por la caída del consumo, el freno de la actividad económica y las tensiones políticas dentro del oficialismo, el secretario de Agricultura reclamó respaldo del sector agropecuario y lanzó una frase que rápidamente se viralizó: “Si no le ponemos flow, volvemos al pantano”. El Gobierno apuesta al agro como uno de los pilares para sostener el ingreso de dólares y mantener con vida un programa económico que empieza a mostrar signos de desgaste.

El Gobierno nacional volvió a mirar hacia el campo como tabla de salvación económica y política. En medio de una etapa de creciente tensión cambiaria, caída del poder adquisitivo y dificultades para sostener el nivel de actividad, el secretario de Agricultura lanzó un fuerte mensaje dirigido al sector agropecuario: pidió apoyo explícito al rumbo económico de Javier Milei y advirtió que, sin respaldo, la Argentina podría “volver al pantano”.

La frase, pronunciada durante una exposición vinculada al sector rural, no pasó desapercibida. “Si no le ponemos flow, volvemos al pantano”, aseguró el funcionario, utilizando una expresión ligada al lenguaje juvenil y las redes sociales para intentar transmitir una idea política clara: el Gobierno necesita que el agro acompañe, liquide exportaciones y mantenga expectativas positivas sobre el rumbo económico.

Detrás del tono informal apareció una preocupación concreta. El Ejecutivo sabe que buena parte de la estabilidad financiera depende del ingreso de divisas provenientes del complejo agroexportador. La necesidad de dólares se volvió aún más urgente en un escenario donde las reservas siguen bajo presión y la actividad económica muestra señales de agotamiento después de meses de ajuste.

La relación entre Javier Milei y el campo fue, desde el inicio de la gestión, uno de los vínculos políticos más sólidos del oficialismo. Durante la campaña presidencial, el entonces candidato libertario prometió eliminar retenciones, desregular mercados y reducir la presión impositiva sobre el sector. Muchas de esas promesas, sin embargo, todavía no pudieron concretarse plenamente debido a las restricciones fiscales y a la necesidad del Estado de sostener ingresos tributarios.

Aun así, el Gobierno mantuvo gestos permanentes hacia las entidades rurales y hacia los grandes exportadores. En la Casa Rosada consideran que el agro representa no solo una fuente de dólares sino también un aliado cultural e ideológico en la llamada “batalla contra el estatismo” que impulsa Milei.

Pero el contexto actual es mucho más complejo que el de los primeros meses de gestión. El consumo masivo continúa en caída, distintos sectores industriales denuncian desplomes históricos en las ventas y crecen las alertas por cierres de empresas y pérdida de puestos de trabajo. En paralelo, la inflación desaceleró respecto a los picos de 2024 y 2025, aunque todavía golpea fuerte sobre salarios y jubilaciones.

En ese escenario, el Gobierno busca sostener la expectativa de recuperación económica a partir de dos ejes: el ingreso de inversiones y el fortalecimiento del sector exportador. Allí el agro ocupa un lugar central.

La preocupación oficial no es solamente económica. También es política. En la Casa Rosada observan que el humor social empezó a deteriorarse después de meses de ajuste, caída del consumo y conflictos sectoriales. Por eso intentan consolidar alianzas con sectores empresariales considerados estratégicos.

El discurso del secretario de Agricultura aparece además en momentos donde distintas entidades rurales mantienen reclamos vinculados al atraso cambiario, la presión impositiva y los costos de producción. Aunque existe coincidencia ideológica con el Gobierno en materia de desregulación económica, muchos productores vienen advirtiendo que la rentabilidad comenzó a resentirse.

El problema para el oficialismo es que buena parte de su programa económico depende de variables extremadamente sensibles: estabilidad cambiaria, ingreso de dólares y confianza de los mercados. Cualquier señal negativa puede alterar el delicado equilibrio financiero que el Gobierno intenta sostener.

Por eso, el mensaje al campo no fue casual. El uso de términos como “flow” buscó conectar con un lenguaje moderno y descontracturado, una marca comunicacional habitual del mileísmo, que combina redes sociales, frases virales y discursos confrontativos. Sin embargo, detrás del estilo apareció una advertencia política directa: el Gobierno considera que necesita apoyo activo para evitar una crisis mayor.

La referencia al “pantano” remite, además, a una idea recurrente dentro del relato libertario: la Argentina previa a Milei como un país atrapado por el déficit fiscal, la inflación, la emisión monetaria y la intervención estatal. Desde el oficialismo sostienen que cualquier retroceso en el programa económico implicaría volver a ese escenario.

Sin embargo, sectores opositores cuestionan duramente esa narrativa y señalan que el ajuste aplicado por el Gobierno profundizó la recesión, deterioró salarios y paralizó áreas estratégicas del Estado. También advierten sobre el impacto social de las políticas económicas y sobre la creciente dependencia del modelo respecto al ingreso de dólares financieros y exportadores.

Mientras tanto, el vínculo entre el Gobierno y el agro seguirá siendo determinante en los próximos meses. El Ejecutivo necesita divisas, respaldo político y señales positivas hacia los mercados. El campo, en cambio, busca certezas económicas, estabilidad cambiaria y alivio impositivo.

En medio de esa tensión, el oficialismo intenta sostener un delicado equilibrio. Y en esa búsqueda, frases como “ponerle flow” ya no parecen simples expresiones virales, sino parte de una estrategia más profunda: convencer a los sectores económicos concentrados de que el proyecto libertario todavía puede garantizar gobernabilidad y negocios.

Porque detrás de las palabras, lo que está en juego no es solamente una metáfora. Es la supervivencia política y económica de un modelo que empieza a enfrentar sus primeras señales de desgaste real.

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