DIEGO SANTILLI ASUME CON PROMESAS PARA LOS GOBERNADORES: LA PULSEADA POR LOS FONDOS FEDERALES
10 noviembre, 2025El nuevo ministro del Interior del gobierno de Javier Milei, Diego Santilli, se prepara para iniciar su gestión con la tarea urgente de recomponer los lazos con las provincias. En juego está la distribución de fondos federales, incluida la coparticipación, y la negociación clave para el Presupuesto 2026.
Mientras asume su cargo al frente del Ministerio del Interior, Diego Santilli enfrenta una doble misión: reforzar la confianza de los gobernadores provinciales y tender puentes para destrabar la fuerte puja por el financiamiento nacional. Según fuentes gubernamentales y provinciales, el volumen de fondos enviados “discrecionalmente” por el Estado nacional descendió drásticamente este año, en comparación con 2023, y ese recorte se ha convertido en eje de la negociación que define su gestión.
Santilli reconoció que desde 1994 no se ha encarado una reforma de la ley de coparticipación federal, lo que manifiesta el grado de complejidad del debate que se avecina. Las provincias exigen reglas claras, mayor previsibilidad en los envíos y una distribución más equitativa; mientras tanto, el Gobierno nacional busca imponer una agenda de equilibrio fiscal que condiciona el volumen de los giros. En su nombramiento, el Presidente destacó que Santilli será el interlocutor central con gobernadores y legisladores para articular “los consensos necesarios” hacia el nuevo régimen de distribución de fondos.
En este sentido, la negociación por la distribución de fondos se entrelaza directamente con el tratamiento del Presupuesto 2026. El nuevo ministro ya actuó en el congreso para reunir apoyos en la comisión que elaboró el dictamen sobre el proyecto de ley, articulando con diputados provinciales que responden a gobernadores. Así, el reparto de fondos se convierte también en moneda de cambio política para aprobar reformas que el Gobierno impulsa.
Para los gobernadores, los temas candentes son: un volumen mayor de transferencias automáticas, criterios de distribución más transparentes, y el fin de que la provincia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concentre una proporción desproporcionada de esos envíos.
Por su parte, el Gobierno intenta equilibrar su promesa política de austeridad con la necesidad de mantener la gobernabilidad federal. Reducir drásticamente los fondos podría generar mayor fricción política y electoral para los mandatarios provinciales, lo que Santilli debe gestionar desde su nueva cartera.
En conclusión, la asunción de Santilli marca el inicio de una etapa clave en la relación entre Nación y provincias: la promesa de diálogo queda lanzada, pero la pulseada por los fondos federales se presenta como un campo de batalla decisivo para definir la distribución del poder fiscal y político en el país.




