CRIMEN DE JUAN CRUZ LEAL: EL DOLOR DE SU MADRE Y EL PEDIDO DE JUSTICIA POR UN CASO DE GATILLO FÁCIL
28 marzo, 2026El joven de 21 años fue asesinado por un policía de la Ciudad que disparó sin mediar palabra mientras iba a jugar al fútbol. La causa avanza por homicidio agravado y su familia exige prisión perpetua. El caso reabre el debate sobre violencia institucional.
El asesinato de Juan Cruz Leal, un joven de 21 años de Ituzaingó, se convirtió en uno de los casos más impactantes de violencia institucional en lo que va de 2026. El hecho ocurrió la noche del 12 de marzo, cuando un efectivo de la Policía de la Ciudad, que se encontraba de civil, abrió fuego contra él y un amigo sin mediar palabra, provocando su muerte y dejando a su acompañante gravemente herido.
Según la reconstrucción judicial, Juan Cruz salió de su casa minutos antes de las 22 para ir a jugar al fútbol, una rutina habitual que compartía con amigos desde la infancia. Se trasladaba en moto junto a Daniel, quien sobrevivió al ataque tras recibir un disparo en el pecho. A pocas cuadras de su vivienda, ambos fueron interceptados por el policía identificado como Lucas Adrián Gómez, quien también circulaba en moto. Sin que existiera enfrentamiento ni advertencia previa, el efectivo efectuó varios disparos.
La principal hipótesis de la investigación es que el agente creyó, sin pruebas, que iba a ser víctima de un robo, y actuó en consecuencia. Sin embargo, para la familia y la querella, se trató de un claro caso de “gatillo fácil”, es decir, uso letal de la fuerza sin justificación.
Juan Cruz fue trasladado de urgencia al Hospital del Bicentenario de Haedo, donde ingresó en estado crítico. Había perdido una gran cantidad de sangre y fue intervenido quirúrgicamente. Pese a los esfuerzos médicos, sufrió tres paros cardiorrespiratorios y falleció a las 3:55 de la madrugada del 13 de marzo.
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El caso no solo conmociona por la violencia del hecho, sino también por las irregularidades denunciadas en las primeras horas posteriores. Su madre, Cecilia, relató que comenzó a buscarlo cerca de las 23:30, al notar que no había llegado al partido. A través de la geolocalización del celular, descubrieron que el dispositivo estaba en la Comisaría Cuarta de Ituzaingó.
“Esa dirección era la comisaría, donde me negaron información. Me mandaron al Hospital de Haedo, pero mi hijo no estaba ahí”, explicó. Finalmente, tras recorrer distintos centros de salud, llegó al hospital correcto, donde Juan Cruz estaba siendo atendido.
Las palabras de Cecilia reflejan el dolor y la desesperación de esas horas:
“Juan Cruz no tuvo la posibilidad de darme la mano cuando se estaba muriendo, siendo que yo estaba entrando a mi casa en ese momento y de donde ocurrieron los hechos no estaba a más de ocho o nueve cuadras”.
En una convocatoria realizada en una plaza de Ituzaingó, familiares, amigos y vecinos se reunieron para pedir justicia. Allí, la madre del joven reconstruyó quién era su hijo, poniendo en valor su vida más allá del crimen.
“Mi hijo hoy cumpliría veintidós años. Era una persona llena de luz, de alegría. Estudiaba en la facultad, estudiaba inglés, trabajaba en el gimnasio con el papá”, expresó.
También detalló la rutina del día del hecho:
“Cerró el gimnasio a las 21:57, fue el último audio que me mandó. Fue a casa, se puso los botines y se fue a jugar al fútbol con su amigo”.
Sobre el ataque, fue contundente:
“Un policía de la Ciudad, Lucas Adrián Gómez, en otra moto, repentinamente, abruptamente, hizo una maniobra, los disparó y le causó la muerte a mi hijo. Le disparó a sangre fría, sin motivo, sin mediar palabras”.
En el plano judicial, el efectivo permanece detenido e imputado por homicidio agravado, por el uso de arma de fuego y su condición de funcionario policial, y tentativa de homicidio por las heridas causadas a Daniel. De ser hallado culpable, podría enfrentar una pena de prisión perpetua.
La familia, acompañada por su asesor legal Marcelo Biondi, impulsa que la causa avance con esa calificación y rechaza cualquier posibilidad de morigeración de la detención.
“Pedimos que tenga cadena perpetua y que la preventiva no sea domiciliaria, porque es un riesgo. Esa persona tiene que estar en la cárcel”, sostuvo Cecilia durante la manifestación.
Además, denunció condiciones irregulares en el accionar del acusado:
“Es un policía que circulaba de civil, en una moto sin patente, y por nada le disparó y mató a mi hijo e hirió a su amigo”.
El caso se inscribe en una problemática más amplia. Organismos de derechos humanos advierten desde hace años sobre el crecimiento de hechos de violencia institucional, particularmente aquellos vinculados al uso desproporcionado de la fuerza por parte de efectivos de seguridad fuera de servicio. La figura del gatillo fácil vuelve a instalarse en el debate público.
Para la familia Leal, sin embargo, la discusión es más urgente y concreta: justicia por Juan Cruz.
“Jamás creí estar en esta situación cuando veía a una mamá pidiendo justicia por su hijo. Hoy tampoco entiendo cómo estoy acá parada, pero sí sé que mínimamente le tengo que honrar la vida a mi hijo”, expresó Cecilia.
Y cerró con una frase que sintetiza el dolor y la lucha:
“A Juan Cruz lo recuerdo con el amor que le tuve en estos veintiún años. Le pido cada minuto que me abrace fuerte. Todo esto me está consumiendo la poca vida que me queda”.
Mientras la causa avanza en la Justicia, el reclamo se mantiene en las calles. Familiares, amigos y vecinos continúan movilizándose para exigir que el crimen no quede impune y que la muerte de Juan Cruz Leal marque un punto de inflexión en la discusión sobre la violencia institucional en la Argentina.




