CEREBROS FRAGMENTADOS
10 marzo, 2026En el siglo pasado, una sociedad fragmentada era entendida como un colectivo social conformado por diversos grupos que se aglutinaban detrás de ideologías distintas. Es decir, muchos partidos políticos con escasa representatividad. Esto suponía cierta debilidad a la hora de la pelea por obtener derechos colectivos, ya que el poder real se transformaba en invencible.
En el presente se nos ocurre pensar en la idea de cerebros fragmentados. Quizás una persona pueda manifestarse a favor de la derogación de la Ley de Glaciares y en contra de la Reforma Laboral. Horrorizarse durante horas frente al televisor por el asalto violento que sufrió un kiosquero de La Matanza y hacer zapping frente a algún canal internacional que muestre el velatorio de las 180 niñas asesinadas por el ejército de Estados Unidos en una escuela de Irán.
La fragmentación social que a lo largo de la historia de la humanidad había sido provocada por el poder para dominar, ya está adentro de las cabezas de los individuos. No solamente estamos ante una crítica debilidad desde el punto de vista social, sino que el propio individuo ya no tiene una brújula hacia su interior. No parece ser necesario tomar posicionamientos sobre los temas importantes. Y a eso se lo llama libertad de pensamiento.
¿Hasta cuándo será así? ¿Algún día el ser humano recuperará el sentido social y la libertad de pensar por sí mismo? Nadie es puramente libre. El individuo se forma en un ámbito, en un contexto: el familiar o el que fuere. Eso condiciona sin dudas, pero a la vez contiene y brinda una identidad que con el correr de la vida seguirá moldeándose. Diferente es lo que viene sucediendo con las tecnologías de dominación, que hoy son el exclusivo vehículo de dominio. El algoritmo, la inteligencia artificial, las respuestas automáticas y efímeras que se obtienen en diez segundos, aunque muchas veces inchequeables, son asumidas como verdades irrefutables.
“José Mercado compra todo importado”, cantaba Serú Girán a finales de los años ochenta.
El dios Mercado es el vector que guía a un cerebro fragmentado, quien lo defiende como lo hacen los fundamentalistas religiosos o aquellos sometidos que se ponen del lado del patrón frente a sus propios compañeros.
De ahí que toda restricción sanitaria durante la pandemia pudo haber sido leída como una violación al dictado sacrosanto de la reproducción capitalista, y asumida como una vulneración de las libertades individuales.
“¿Qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad”, canta la aplanadora del rock.
Para consolidar lo mencionado en el párrafo anterior, “se necesitan líderes narcisistas, que son el epítome del discurso neoliberal. Y no se debe confundir su discurso con los desvaríos de un enfermo mental, pues la impunidad y la irresponsabilidad son consustanciales a la exigencia de dicho discurso. Un discurso que puede presentarse como irracional sin vergüenza alguna, pues la política neoliberal ya no necesita puntos de anclaje”, sostiene el psicoanalista Jorge Alemán en su libro Pandemonium, publicado en 2021.
Lo cierto es que los resultados están a la vista tanto en los posteos de redes sociales como en las conversaciones de la verdulería.
El neoliberalismo logró unificar en la palabra libertad una herramienta de respuesta exclusiva para el ámbito de las iniciativas privadas. De ahí que cualquier actividad que se oponga a esta línea subjetiva será considerada totalitaria.
Las derechas no tienen ningún tipo de compromiso con la verdad y, además, su discurso suele sonar transgresor. En cambio, en un discurso progresista, de izquierda o nacional y popular —por cuestiones éticas— no vale decir cualquier cosa. Ese es uno de los principales desafíos de la política.
Nada de lo propuesto como materia de análisis es absolutamente novedoso. Más bien lo contrario. Todo es parte de un proceso histórico que no terminará en este presente. En la primera etapa de la guerra de Malvinas, los medios de comunicación escribas del poder de la dictadura genocida —por ejemplo la revista Revista GENTE— titularon “ESTAMOS GANANDO”.
Parecido es el accionar respecto de la guerra desatada en Oriente Medio luego del ataque terrorista que Estados Unidos e Israel le provocaron a Irán. Tanto los medios tradicionales como los algoritmos —que para nada son libres, ni inocentes, ni desideologizados y mucho menos horizontales— en su mayoría venían ocultando el genocidio en Palestina y hoy lo hacen en Irán. En algunos casos tergiversan la información o hablan de los supuestos actos de corrupción de la AFA o de Gran Hermano, que para estos casos siempre garpa.




