LAS ORGANIZACIONES NO SE VAN A IR AL MAZO
28 septiembre, 2026Swier Marcelo/ Lo que está pasando en el Humedal Arroyo Soto preocupa profundamente a las organizaciones territoriales, que consideran importante contar lo que está sucediendo, porque no se trata solamente de una “obra” o de una discusión entre vecinos y funcionarios.

Se trata de qué modelo de territorio se quiere construir y, fundamentalmente, de quiénes participan en las decisiones que afectan a los barrios y a los ambientes.
La semana pasada, integrantes de la Asamblea se acercaron al lugar donde estaba trabajando la maquinaria municipal. En ese momento, desde el Municipio se informó que las intervenciones sobre el Humedal Arroyo Soto iban a continuar, a pesar de que existe un expediente abierto en el que se solicitó una reunión urgente con el Consejo Consultivo y con las organizaciones comunitarias vinculadas a esta problemática.
En esa misma oportunidad se había asegurado algo muy concreto: que la ribera correspondiente a parte del predio del INTA no iba a ser intervenida, ya que funcionaría como refugio para las especies que son desplazadas por las obras.
Sin embargo, esta semana las organizaciones se encontraron con una situación completamente diferente.
La maquinaria estaba nuevamente trabajando sobre esa ribera que se había comprometido preservar. Se estaba arrasando con la vegetación y, además, la máquina estaba directamente sobre el cauce de agua, afectando el hábitat de las especies que viven allí, entre ellas las tortugas acuáticas.
Y esto no es solamente un problema paisajístico.
Cuando se remueve la vegetación de las riberas, se pierde una cobertura que ayuda a sostener el suelo. La tierra queda expuesta, se favorece el desmoronamiento hacia el cauce y los sedimentos terminan depositándose en el lecho del arroyo.
Eso puede reducir progresivamente la capacidad del cauce para conducir el agua.
Y hay otra cuestión fundamental: las raíces de la vegetación ayudan a infiltrar, retener y absorber agua.
Por eso, cuando las organizaciones hablan de preservar la vegetación del humedal, no están hablando solamente de proteger plantas o animales. También están hablando de cómo funciona el sistema hídrico.
¿QUÉ PASÓ CUANDO LAS ORGANIZACIONES PIDIERON QUE PARARAN?
Frente a esta situación, integrantes de la Asamblea se acercaron pacíficamente para solicitar que se detuviera la intervención sobre la ribera del margen norte y que la maquinaria saliera del agua.
La máquina finalmente se detuvo.
Pero inmediatamente se hicieron presentes Damián, delegado de la Unidad de Gestión Municipal Udaondo, y el funcionario Diego Legarreta, quien manifestó ser Director General de Obras Viales.
Según el relato de las integrantes de la Asamblea sobre lo ocurrido, ambos se dirigieron de manera prepotente hacia ellas.
Incluso se sostuvo que ese lugar “no era un humedal” y se ordenó que las integrantes de la Asamblea se retiraran porque la obra iba a continuar.
Y acá aparece una cuestión que para las organizaciones es central:
¿Es o no es un humedal?
La Asamblea cuenta con documentación oficial que sostiene otra cosa. El Arroyo Soto fue declarado humedal mediante la Ordenanza Municipal 6627, sancionada en marzo de este año.
Entonces se presenta una situación bastante particular: un funcionario municipal afirma que no es un humedal, mientras existe una ordenanza del propio Municipio que lo declara como tal.
La discusión no puede resolverse con lo que diga un funcionario en el lugar. Tiene que discutirse a partir de la documentación, de la normativa vigente, de los estudios existentes y de los conocimientos técnicos y territoriales disponibles.
¿QUÉ PASÓ CON EL MUNICIPIO “ABIERTO” A LAS ORGANIZACIONES?
Hay otra cuestión que las organizaciones consideran importante.
En la primera reunión mantenida con funcionarios municipales se habló muchísimo de un Municipio abierto al diálogo y dispuesto a trabajar con las organizaciones comunitarias.
Pero esa reunión no surgió espontáneamente.
Hubo una insistencia enorme durante toda una semana para poder concretarla.
Y en esa reunión se convocaba, entre otras cosas, en el marco de la intención de frenar una limpieza comunitaria que desde la Asamblea se quería realizar.
Ahí se habló de participación, de trabajar con las organizaciones y de construir soluciones colectivamente.
Pero hoy la situación es completamente diferente.
Las organizaciones presentaron pedidos formales. Existe un expediente abierto.
Se está solicitando una reunión urgente con el Consejo Consultivo y con las organizaciones del territorio.
Y la respuesta que se encuentra es el silencio.
O, cuando finalmente hay una respuesta, aparecen descalificaciones o actitudes que las organizaciones consideran agresivas.
Incluso se observa que desde los propios despachos municipales se siguen las publicaciones y las historias de las organizaciones en redes sociales, mientras que públicamente se descalifica el trabajo que realizan para denunciar lo que está sucediendo.
Entonces surge una pregunta:
¿Para qué se habla de participación si cuando las organizaciones participan, cuestionan o proponen alternativas, la respuesta es el silencio o la imposición?
Porque la democracia no puede reducirse solamente al momento de votar.
También significa escuchar.
Significa garantizar la participación.
Significa construir políticas públicas con quienes habitan, conocen y recorren el territorio.
¿POR QUÉ SE ESTÁ ENFRENTANDO A VECINOS CON VECINOS?
Hay otra cuestión que preocupa especialmente a las organizaciones.
En este conflicto se está instalando la idea de que existen vecinos que quieren la “limpieza” y vecinos que están en contra de ella.
Y particularmente preocupa que se intente instalar que la Asamblea está “a favor de las inundaciones”.
Eso es falso.
Las organizaciones quieren que se tomen todas las medidas necesarias para prevenir las inundaciones y proteger a los barrios.
La discusión es otra: cómo se realizan esas intervenciones.
Porque no es lo mismo retirar residuos u obstrucciones que arrasar con la vegetación, remover las riberas, alterar el suelo e ingresar con maquinaria pesada al cauce.
Y tampoco se quiere que esto se convierta en una pelea entre organizaciones.
Las organizaciones no quieren que vecinos se enfrenten con vecinos.
Quieren que todos los espacios del territorio puedan sentarse a discutir qué necesita el Humedal Arroyo Soto y cómo se puede intervenir sin destruir el ambiente.
Por eso también se preguntan si esta situación está terminando, deliberadamente o no, en un enfrentamiento entre vecinos mientras las decisiones sobre el territorio ya están tomadas.
Las organizaciones nunca dijeron que no haya que mantener el humedal.
Lo que cuestionan es la forma en que se está haciendo.
Existen documentos elaborados por el INTA, organismos especializados y organizaciones ambientales que establecen criterios para realizar tareas de mantenimiento y limpieza preservando la vegetación y la biodiversidad.
Y existe además un documento muy concreto: el Plan de Gestión 2021, donde se establecen criterios y pautas de intervención.
Entonces no se está hablando desde el desconocimiento.
Las organizaciones territoriales construyen conocimiento situado recorriendo los lugares, observando, relevando, hablando con especialistas, con trabajadores, con organismos y con otras organizaciones.
Conocen el territorio porque lo habitan.
Tienen documentos, antecedentes y argumentos técnicos y ambientales.
Por eso sostienen que las cosas pueden hacerse de otra manera.
Retirar residuos es una cosa. Desmantelar la vegetación, modificar las riberas, remover el suelo e ingresar con maquinaria pesada al cauce es otra muy distinta.
No todo puede ser presentado bajo la palabra “limpieza”.
Lo que las organizaciones están observando es un desmantelamiento progresivo de un ecosistema.
Y HAY UNA CONTRADICCIÓN DENTRO DEL PROPIO MUNICIPIO
Las organizaciones están observando posiciones diferentes dentro del propio Municipio.
Desde el área de Ambiente se les ha transmitido que no están de acuerdo con la forma en que se están realizando los trabajos, coincidiendo con la idea de las organizaciones de que se trata de una intervención antiecológica.
Mientras tanto, desde Servicios Públicos se sostiene que esto no es un humedal y que las obras van a continuar porque es una decisión tomada.
Por un lado, un área municipal reconoce la importancia ambiental del espacio y cuestiona la forma de intervención.
Por otro lado, otra área avanza sobre el territorio sosteniendo que no se trata de un humedal.
Entonces aparece nuevamente la pregunta:
¿Cómo puede sostenerse que no es un humedal cuando existe una ordenanza municipal que declara al Arroyo Soto como tal?
NO ES SOLAMENTE UNA DISCUSIÓN AMBIENTAL
Para las organizaciones, detrás de todo esto hay una discusión más profunda.
Entienden que los poderes consolidados y las instituciones burocráticas del Estado suelen funcionar de manera vertical.
Las decisiones bajan desde arriba.
En cambio, sus espacios promueven otra lógica: la horizontalidad, la participación y la construcción colectiva.
Y en el territorio siempre se ponen en juego intereses.
Por eso muchas veces aparece un desacople entre lo que se dice desde las instituciones y lo que efectivamente sucede en el territorio.
Las organizaciones consideran que eso es lo que también está expresándose en este conflicto.
La gestión municipal está acostumbrada a relacionarse con pequeñas agrupaciones, espacios vecinales y organizaciones que, frente a una problemática concreta o por posicionarse como oposición al oficialismo, pueden terminar siendo incorporadas, negociando espacios de participación institucional o, en otros casos, debilitadas o enfrentadas.
Las organizaciones plantean otra cosa.
No están buscando una banca en el Concejo Deliberante.
No están buscando una función en una Dirección.
No están buscando un cargo en una Secretaría municipal.
Su objetivo es otro.
Quieren una gestión sustentable del Humedal Arroyo Soto y de los espacios verdes del Municipio.
Quieren que conceptos como “Municipio Verde”, “zona ecológica” o “pulmón verde” tengan contenido real y no sean solamente slogans.
Porque una política ambiental no puede consistir solamente en pedirle al ciudadano que sea responsable con sus residuos, que recicle o que cuide individualmente el ambiente, mientras desde las decisiones públicas se habilitan procesos de degradación ambiental.
No alcanza con promover políticas ambientales despolitizadas o moralizantes que colocan toda la responsabilidad en las conductas individuales.
También hay que discutir las decisiones que se toman sobre el territorio.
Hay que discutir la deforestación de determinados espacios.
Hay que discutir qué se hace con los espacios verdes.
Hay que discutir qué modelo de urbanización se promueve.
Y hay que discutir también esas políticas que pueden presentarse como ambientales —por ejemplo, propuestas de ecocanje o de plantación de árboles— mientras, al mismo tiempo, se permiten excepciones o intervenciones que avanzan sobre espacios verdes.
Las organizaciones no quieren cambiar un árbol por otro.
Quieren discutir qué modelo de territorio se está construyendo.
Y consideran que ahí está también una de las tareas fundamentales de las organizaciones.
Las organizaciones visibilizan las tensiones que existen en los territorios entre las narrativas de sustentabilidad, el llamado “discurso verde”, y las dinámicas reales de degradación ambiental.
Porque se puede hablar de sustentabilidad.
Se puede hablar de Municipio Verde.
Se puede hablar de pulmones verdes.
Pero después hay que mirar qué sucede concretamente sobre el territorio.
Y hoy, en el Humedal Arroyo Soto, las organizaciones observan una intervención que, según sostienen, está avanzando sobre la vegetación, las riberas y el hábitat de las especies.
Por eso plantean que hay que mirar más allá de los eslóganes.
La política ambiental se demuestra en las decisiones concretas.
Se demuestra cuando hay que decidir qué hacer con un humedal.
Se demuestra cuando hay que decidir si una ribera se preserva o se destruye.
Se demuestra cuando las organizaciones del territorio plantean una alternativa y piden ser escuchadas.
Desde la Asamblea se sostiene que lo que está sucediendo constituye un ecocidio y se exige que las intervenciones se detengan inmediatamente para abrir una instancia real de diálogo y participación con el Consejo Consultivo y las organizaciones del territorio.
No se trata de defender una idea abstracta del ambiente.
Se trata de defender un espacio concreto.
Sus especies.
Su vegetación.
Su dinámica hídrica.
Y la función que cumple dentro del territorio.
Y las organizaciones quieren ser muy claras en algo:
No están diciendo que no haya que prevenir las inundaciones.
Por supuesto que quieren que los barrios estén protegidos.
Lo que cuestionan es que se utilice la prevención de inundaciones como argumento para realizar intervenciones que pueden terminar afectando justamente las condiciones ambientales que permiten que el humedal cumpla su función.
Prevenir inundaciones y preservar el humedal no deberían ser objetivos contradictorios.

LAS ORGANIZACIONES NO SE VAN A IR AL MAZO
Las organizaciones no se van a ir al mazo.
No se van a retirar porque les digan que la decisión ya está tomada.
No se van a retirar porque intenten enfrentarlas con otros vecinos.
No se van a retirar porque se descalifique su trabajo.
Y tampoco se van a retirar porque se pretenda reducir su participación a mirar desde afuera lo que sucede en su propio territorio.
Su interés está en lo colectivo.
En construir poder popular desde abajo.
No quieren ocupar el lugar de quienes toman las decisiones para repetir la misma lógica vertical.
Quieren que las decisiones se construyan de otra manera.
Desde el territorio.
Con participación.
Con conocimiento.
Con las organizaciones.
Con los vecinos.
Y con una mirada ambiental que no sea solamente discursiva, sino que pueda verse en las políticas concretas.


