DESPLOME DE LA CONSTRUCCIÓN(Construir cuesta abajo, vivir cuesta arriba)
10 septiembre, 2026La actividad de la construcción profundizó durante julio pasado el deterioro que ya venía sufriendo desde hacía meses. Registró una caída mensual del 4,6 por ciento de acuerdo a los datos difundidos en estas horas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Por otra parte, en la comparación anual (Julio 2025/2026) el desplome fue del 4,5 por ciento. De los trece materiales más utilizados, nueve presentaron contracciones interanuales.
Cuando la mirada se posa sobre las expectativas empresariales del sector privado, en su mayoría no esperan una recuperación inmediata. Por ejemplo, para el período comprendido entre agosto y octubre, las expectativas permanecen mayoritariamente estancadas o negativas. El 75 por ciento considera que la actividad no tendrá cambios, el 14,4 anticipa una disminución y solamente el 10,6 espera un crecimiento.
Una de las explicaciones para entender la caída es que el valor de una vivienda a construir es inmensamente superior al valor de mercado de una vivienda ya construida. Esta realidad es una constante, pero las distancias se ampliaron como nunca antes había sucedido, sobre todo entendiendo que el mercado inmobiliario también se encuentra estancado.
Construir una vivienda de 100 metros cuadrados en Buenos Aires demanda, según el último relevamiento de la Asociación Pymes, un desembolso de $228.617.063, es decir 152.000 dólares. En cambio, comprar una casa terminada de 100 metros cuadrados en el mismo distrito, cuesta entre 75.000 y 90.000 dólares promedio.
Otra de las explicaciones para comprender el desplome, quizás la más importante, tiene que ver con la compleja situación laboral. Más del 50 por ciento de los argentinos pertenece a la clase baja ya que un salario promedio es de $1.000.000. En este contexto es una utopía considerar que el acceso a un crédito hipotecario tenga un alcance real.
Para hacerse de una vivienda cuyo valor sea de 98.000 dólares, financiando el 75 por ciento de su valor, la cuota inicial se ubica en torno a los $842.000 con una TNA del 6,70 porciento y supera $ 1.000.000 con una tasa del 9,06 por ciento.
Cuando se ven estas distancias abismales entre los ingresos de la mayoría de los trabajadores y el derecho al acceso a la vivienda propia, es cuando se logra comprender que el alquiler parece haber llegado para quedarse en la Argentina. Ya no es una etapa transitoria.
En este presente las dificultades para pagar un alquiler son tan complejas como la de afrontar una cuota hipotecaria. Las familias destinan cerca de la mitad de su sueldo en pagar el alquiler. Por tal motivo el 20 por ciento de las personas debieron mudarse a otros lugares.
Como dato paralelo se produjo una mayor disponibilidad de propiedades puestas en alquiler en CABA. Algo impensado hace un lustro.
El indicador de la caída estrepitosa de la construcción es un indicador manifiesto del derrumbe de la economía real. Si no hay plata en los bolsillos de los trabajadores nada funciona en términos de consumo y dinámica económica. El ajuste perpetuo, el congelamiento de los salarios y la dolarización de tarifas y transporte, arrojan los resultados esperados. No podía ser de otra manera. Todo parece marchar de acuerdo al plan.




